Unos cazas atraviesan el cielo de Madrid, añadiendo mayor estruendo si cabe al que ya dejan los monoplazas del circuito de Fórmula 1 en torno al recinto ferial de Ifema, cuando un grupo de seguidores atienden las preguntas de este medio. “¿Has pillado la matrícula?”, bromea uno de ellos. Apasionados de este deporte, el ruido no les molesta, les alienta. Proceden de diferentes municipios de la Comunidad de Madrid y al ser preguntados sobre si tenían ganas de que llegara este día responden con ironía: “Ninguna”. “Somos fans de toda la vida, antes de Fernando Alonso”, dice uno de ellos. “Cuando empezó Schumacher”, añade otro amigo. “¡Antes! ¡Yo recuerdo la hostia de Senna!”, apostilla un tercero.

Todos ellos han estado ya en el Gran Premio de Catalunya y de momento se quedan con Madring. Claro que no son objetivos: “Nos pilla cerca de casa y el agua es la mejor”, dice uno con socarronería. “En Madrid todos los grandes eventos siempre funcionan bien”, sostiene uno de los miembros más entusiastas del grupo. No han tenido problema en el transporte en Metro desde diferentes puntos de la región, al menos en una primera jornada donde el número de espectadores es inferior.

Sobre los precios, admiten que “la entrada es una hostia guapa”, pero comentan que similar a la de Montmeló. Respecto al coste de la comida, la bebida o el merchandising también concluyen que son “caros, pero parecidos”. Los diferentes puestos de comida (española, asiática, mexicana, italiana, de empadas argentinas...) se encadenan en la zona sur, donde se ubican los espectadores que acceden a sus asientos por la estación de Feria de Madrid (línea 8). Una cerveza cuesta 7 euros; un refresco 4,50; una botella de agua 3,50; una napolitana 4; un burrito 14 y un castizo bocata de calamares 11,50.