La velocidad a la que las compañías de inteligencia artificial (IA) están resolviendo algunos de los problemas más difíciles de las matemáticas produce asombro y preocupación al mismo tiempo. El anuncio de OpenAI de que ha encontrado una solución al problema de Navier-Stokes, uno de los seis 'Problemas del Milenio', ha disparado el nerviosismo y los rumores entre la comunidad matemática. En redes se habla de que la misma empresa y su competidor, Anthropic, están a punto de resolver otros retos. Como precedente, en mayo, un chatbot de OpenAI refutó una conjetura de hace 80 años del matemático húngaro Paul Erdős.

Todas estas hazañas, incluida la de Navier-Stokes, están pendientes de verificación. La última vez —y por ahora la única— que se resolvió uno de los 'Problemas del Milenio', lo logró un ser humano al que rodea un halo de genialidad. Entre 2002 y 2003, el matemático ruso Grigori Perelman demostró la Conjetura de Poincaré, tras trabajar durante años en la más estricta soledad. En contraste, OpenAI desplegó 10.000 agentes de inteligencia artificial que intercambiaron 2,7 millones de mensajes. Solo necesitó 88 horas, pero gastó varios millones de dólares.

Perelman renunció a la Medalla Fields y el suculento premio en metálico del Instituto Clay porque prefería atribuir el mérito a sus predecesores; la compañía tecnológica, en cambio, precipitó sus resultados para adelantarse e invisibilizar el trabajo de la competencia y de los dos matemáticos españoles que llevaban tiempo avanzando en el problema.