EditorialEl Ejecutivo espa�ol ha dise�ado una legislaci�n excesiva que tendr�a efectos contraproducentesImagen de un centro de datos en Madrid.Actualizado Viernes,
septiembre
23:52Audio generado con IALos nuevos centros de datos que est�n proliferando en todo el mundo, tambi�n en Espa�a, representan una herramienta necesaria para la transformaci�n digital, pero su elevado consumo de energ�a y de agua obliga a una regulaci�n que defienda los intereses de los todos sin ahuyentar las inversiones ni asfixiar al sector. El camino que ha tomado el Gobierno espa�ol, que pretende sacar adelante un real decreto de m�ximos y con tintes claramente ideol�gicos, expulsar�a del mercado a la mayor parte de las empresas, incapaces de cumplir los requisitos exigidos por el Ministerio para la Transici�n Ecol�gica.Ordenar la implantaci�n de centros de datos ser� sin duda clave para evitar los problemas que se han observado en otras partes del mundo: en el norte de Virginia, que registra la mayor concentraci�n, el precio de la energ�a se ha disparado un 360%, y los centros de datos de Irlanda llegaron a consumir el 20% de la electricidad. Adem�s, en Espa�a se ha detectado que las solicitudes de conexi�n multiplican la demanda real, lo que sugiere un �nimo especulativo. En este contexto, la regulaci�n resulta imprescindible. El problema es que el Ejecutivo espa�ol ha dise�ado una legislaci�n excesiva que tendr�a efectos contraproducentes: exige a los centros de datos que generen el 80% de energ�a renovable nueva y restringe su consumo de agua, algo que dejar�a fuera a la pr�ctica totalidad de las compa��as que est�n realizando inversiones en regiones como Arag�n, cuyo Gobierno acaba de presentar alegaciones para que se revise de forma integral el real decreto.Espa�a tiene una ventaja competitiva gracias a la alta implantaci�n de las energ�as renovables, cuyo excedente de electricidad podr�a aprovecharse para cubrir la demanda de los centros de datos. Por ello, es fundamental aprovechar esta oportunidad de un modo racional, sin perjudicar a los consumidores y sin alejar las inversiones que necesita una econom�a tan desindustrializada como la nuestra.














