Este verano sin serpientes pero con incendios, eclipses, invasiones y áticos todavía nos va a deparar otro asunto asombroso. El Gran Premio de España de Fórmula 1 se celebra en Madrid ya mismo en un circuito semiurbano construido en un entorno residencial y terciario, una zona para ferias y congresos pero también llena de oficinas y casas.No sé si a quienes están al otro lado de la página les pasará igual pero, aunque el anuncio fue en 2024, a mí esto aún me provoca estupor. Y no porque me parezca increíble que la F1 vuelva a la capital 45 años después, sino porque es una idea malísima. Lo es incluso poniéndose en el lugar de unas administraciones obsesionadas por hacer que la urbe brille en el mundo entero. Madrid no es que se apunte a un bombardeo, es que paga por acoger uno detrás de otro. Ahora toca la F1. Un delirio que puede estallar en las manos a sus organizadores y cuya onda expansiva ya está causando estragos en una ciudad muy castigada.Los vecinos de barrios como Canillas, Villa Rosa, Las Cárcavas, Valdebebas y San Lorenzo y los trabajadores que se desplazan a diario a las oficinas del distrito de Hortaleza llevan año y medio sufriendo las obras y también han empezado a soportar el ruido de los coches de competición. Todo va a ir a peor para ellos. Las obras tendrán réplicas anuales hasta 2035 para montar y desmontar cada edición y el sonido de los bólidos los días de entrenamiento y carrera será insoportable e insano. Según un informe de la propia Comunidad de Madrid, las zonas residenciales colindantes captarán más de 80 dB, entre cuatro y ocho veces más que el ruido cotidiano, que suele estar entre 50 y 60 dB —la escala es logarítmica—; niveles asociados a estrés, alteraciones del sueño y efectos cardiovasculares. Por desgracia, las previsiones seguramente se quedarán cortas: la plataforma Stop Fórmula 1 Madrid captó el pasado agosto más de 100 dB en las pruebas realizadas en el circuito por coches de F3.¿Y la contaminación atmosférica? El mismo promotor asegura en el expediente que los monoplazas van a contaminar y que lo hará más el tráfico inducido —producción, organización, público, etc.—. Pero el dato más llamativo es éste: “Las emisiones de material particulado a la atmósfera por desgaste de los neumáticos, debido al intensísimo uso que hace de estos componentes, sería claramente superior a la de la movilidad”. Un ambientazo, vaya.Además, resulta difícil entender que una ciudad cada vez más expuesta al calor extremo haya decidido añadir más de 100.000 m² de pavimentación entre calzadas, explanadas y otras superficies cuando tendría que estar haciendo todo lo contrario. De hecho, el propio informe advierte que el proyecto puede incrementar el efecto isla de calor y elevar la exposición de la población a altas temperaturas.Por supuesto, ha habido, hay y habrá problemas de movilidad, aglomeraciones, escaladas de precios y un montón de externalidades que tenemos que creer que son por nuestro bien porque la estimación de impacto económico asegura será de 467 millones de euros y 8.500 empleos cada año. Un trabajo hecho por PwC, que tiene un acuerdo firmado con Ifema como Local Event Supporter y que es socio consultor oficial de la Fórmula 1 a escala global. Si uno hace el esfuerzo de buscar estudios verdaderamente independientes sobre el efecto positivo de los grandes premios de F1 y otros mega eventos, encuentra fácilmente algunos que dicen que no los hay.Madring, que es como se llama el circuito, muestra que las políticas de atracción de la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid desprenden un aroma casi comunista. Me refiero a su esfuerzo por extender a todos los distritos y clases sociales los traumas de convertir la ciudad en un producto. Como pasó con la insistencia en hacer conciertos en el Bernabéu o con el espacio en Villaverde, donde se celebra el subvencionado Mad Cool y va a empezar en breve la larguísima residencia de Shakira, a ver quién les explica a los vecinos eso de “si no quieres jaleo no vivas en el centro”.Pero, como decía, ni siquiera desde un punto de vista de estrategia de posicionamiento de marca la idea pasa el corte. Urbes como París, Londres, Berlín o Nueva York no han tenido jamás un circuito urbano de F1. Hoy, más allá de Melbourne, el modelo prospera en lugares tan democráticos como Bakú, Jeddah y Singapur o paraísos vacacionales como Mónaco, Miami y Las Vegas. Otra vez, la sensación de que Madrid, atolondrada por gustar como sea, llega tarde y mal. ¿Qué será lo próximo? ¿Darle una millonada a Woody Allen para que haga una película en la ciudad? Ay, calla, que el rodaje empieza en octubre…