Bajad las armasEl Tesoro de Villena se habr�a salvado de haber estado expuesto donde deber�a: en el Museo Arqueol�gico Nacional (MAN), donde el adjetivo relevante no es tanto ‘arqueol�gico’ como ‘nacional’Actualizado Jueves,

septiembre

23:02El robo del Tesoro de Villena arranc� sollozos al alcalde del municipio expoliado y despert� una ef�mera indignaci�n en las tertulias. Tampoco cab�a pedir mucho m�s al pa�s donde leer se reputa capricho de extranjeros, seg�n PISA. Pero si uno pegaba la oreja al murmullo subterr�neo del periodismo cultural, percib�a un debate pertinente: �Debe tener cada pueblo su propio museo? �El hallazgo arqueol�gico pertenece a la localidad donde se produce o a la colecci�n estatal que lo contextualiza? �Cumple eso que llamamos cultura alguna funci�n ajena al mero reclamo tur�stico? �Y cu�nta descolonizaci�n muse�stica podemos permitirnos sin que los ladrones y los nacionalistas (valga la redundancia) hagan su particular�simo agosto?A estas alturas es posible que la �urea vajilla del siglo X antes de Cristo ya haya sido fundida y transformada en mon�tonos lingotes de curso corriente. En tal caso el tesoro habr� perdido su verdadero valor, que no conced�a el mineral sino el tiempo, y se habr� degradado hasta el precio que fije el mercado. Pero aunque nos duela, tendremos que reconocer que los cacos al menos supieron apreciar la mercanc�a mejor que los responsables locales de su custodia.El Tesoro de Villena se habr�a salvado de haber estado expuesto donde deber�a: en el Museo Arqueol�gico Nacional (MAN), donde el adjetivo relevante no es tanto arqueol�gico como nacional. Yo ya entiendo que, en pleno proceso de centrifugado plurinacional, la vigencia de una instituci�n cultural radicada en Madrid que se nutre de piezas halladas por toda la geograf�a espa�ola puede parecer anacr�nica. Pero hasta el m�s cerril de nuestros centrifugadores identitarios sentir� rabia cuando descubra, como yo hice el s�bado pasado en una de las salas dedicadas a la Edad del Bronce, un pu�ado de cuencos y brazaletes que reluc�an al otro lado de la s�lida vitrina protectora. Cuando acerqu� esperanzado la vista a la cartela, le�: �Tesoro de Villena (selecci�n). R�plicas (originales en el Museo Municipal de Villena)�. Si no hubieran sido r�plicas, las futuras generaciones habr�an podido conocer aquel ajuar �nico en Europa (con permiso de la caja fuerte de Zapatero). Para eso, queridos ni�os, sirven los museos nacionales.Una visita al MAN siempre aclara las ideas. Recorriendo sus salas, dispuestas con generoso aparato pedag�gico, uno comprende por ejemplo que el destino de toda civilizaci�n es el individualismo. Y que en consecuencia el colectivismo nunca puede ser progresista. De hecho la Edad del Bronce consiste en la invenci�n gradual de la individualidad, en la separaci�n progresiva de la tribu. El h�roe de guerra, el regidor sabio, el mercader exitoso toma conciencia de su singularidad y al morir decide enterrarse entre joyas o armas que lo distingan para siempre de los otros (el infierno, seg�n Sartre). El sapiens evoluciona cooperando seg�n las leyes del altruismo rec�proco de Trivers, pero la expectativa de su calculado ascenso es la distinci�n, la nobleza, ser el primus inter pares.Para acreditar su progreso, el hombre acu�� moneda. El pagano sabe que sin dinero no hay gloria social (el cristiano impugnar� m�s tarde este axioma). Los romanos fundan sin complejos la ciudadan�a en el patrimonio: su ley distingue entre libres y esclavos; entre ciudadanos y no ciudadanos; entre senadores (a partir del mill�n de sextercios), caballeros y plebe. A la estaci�n t�rmino de ese proceso civilizatorio lo llamamos liberalismo, que en su mejor expresi�n persigue la emancipaci�n de la comunidad de sangre y de la clase social a trav�s de una (imperfecta) meritocracia. De ah� que el progresismo bien entendido no deba anhelar el regreso a la comunidad sino el fomento de las condiciones para que de la masa se alce uno, y otro, y otro. �E pluribus unum�, reza la her�ldica estadounidense.En el MAN, por cierto, ya no se puede admirar la momia guanche de Herques, que un ataque de humanitarismo p�stumo de don Urtasun mantiene escondida en un almac�n desde 2025. Es la momia del hortelano: no nos dejan verla ni en Tenerife ni en Madrid, y as� nadie ve herida su identidad. Tampoco la momia.Antes de salir s� pude despedirme de la Dama de Elche, que est� muy bien donde est�, con esos rodetes majestuosos que seg�n el poeta son los auriculares con los que ella a�n escucha las perdidas voces de su mundo. �Beso tus pies y tus manos que no veremos nunca�.