Superada la etapa inicial para esclarecer los gravísimos hechos que pesan sobre el magistrado del Supremo Alexandre de Moraes, es necesario prestar atención a los posibles intentos de sabotear el procedimiento anunciado por el presidente del Supremo Tribunal Federal, Edson Fachin.
Parece haberse evitado la mayor trampa, la repetición de una sesión secreta como la que en febrero exculpó a Dias Toffoli. Será más difícil llegar a acuerdos a la luz del día.
Pero la batalla soterrada no ha terminado. Una forma de intentar esconder el elefante debajo de la alfombra sería evaluar únicamente el dictamen del fiscal general de la República, Paulo Gonet, sin entrar en el fondo del peritaje de la Policía Federal. Gonet se apresuró a considerar inválido el informe que identificó a Moraes como interlocutor del mafioso Daniel Vorcaro.
El fiscal no es imparcial en el asunto. Es mencionado en el informe de la PF en situaciones de cercanía con la pandilla del banquero de pacotilla, una de ellas relacionada con la inclusión de su hijo en una barra libre de Master en Londres. La frase "¡Bien!!! ¡Ojalá haya puros y Macallan!" se convirtió en un clásico instantáneo del escándalo.
Otro punto crucial es cuáles de los diez magistrados estarán impedidos de deliberar sobre la apertura de la investigación policial.















