No hay general sin estrategia, y la del PP de Isabel Díaz Ayuso frente a la crisis del ático bien podría salir del Breviario de campaña electoral que escribió Quinto Tulio Cicerón allá cuando ni Cristo había nacido. Alfonso Serrano, la mano derecha de la presidenta, es fan declarado. Estos días lanza mensajes de ánimo a los suyos que parecen sacados de ese manual, o de uno de autoayuda. Uno: “Los titulares pasan, las organizaciones permanecen”. Otro: “Las encuestas cambian, las convicciones no”. O un tercero: “Un partido que sabe para qué existe siempre acaba encontrando el camino de vuelta”. Aunque en el PP niegan que esas palabras tengan que ver con la crisis del ático, es difícil no leerlas tamizadas por una controversia que mancha el día a día de la política madrileña. El PP de Madrid, que sobrevivió a la Púnica, a la Gürtel o a la caída de Cifuentes, apuesta por resistir y esperar a que otra crisis, como la de Ceuta o los problemas que rodean al Gobierno central, acapare los focos. Como ha dicho este jueves Ayuso: “Hay una crisis de Estado a la que, como región capital, no podemos ni debemos mostrarnos ajenos”. La oposición maniobra en sentido contrario. Martes. 17.40. Los representantes del PP, Más Madrid, PSOE y Vox que deciden lo que ocurre en la Asamblea a través de sus reuniones en la Mesa del Parlamento son convocados telemáticamente. La cita transcurre durante dos horas, hasta aproximadamente las 19.40. No hay vídeo. No hay sonido. Solo una cadena de mensajes de WhatsApp en la que, uno tras otro, desgranan sesudos argumentos jurídicos con un elemento común: el ático. Más Madrid reclama que la oposición tiene derecho a que el Gobierno le proporcione toda la información sobre su adquisición antes de que esta sea explicada en la Cámara por el consejero de Presidencia, Miguel Ángel García Martín. El PP, que tiene mayoría absoluta, lo impide, amparado en una lectura rígida del reglamento. Y la oposición se une en una queja común con más o menos convencimiento. “Es una cuestión interpretativa, pero hay que apretar”, desliza un político que se las sabe todas dentro del laberinto de la política de Madrid. Esa admisión es el reflejo de que la serie del ático apenas ha rodado su primer capítulo: ahora va a saltar de los periódicos a la política parlamentaria. Ayuso intentó cerrar la primera temporada con un “chao pescao” en mitad del verano. Luego, aireando que se había interesado por otro piso antes de que se conociera la adquisición de este apartamento, lo que, a su juicio, demostraría que no lo quería para vivir. Pero nada de eso contesta a las preguntas que siguen sin respuesta desde hace semanas. ¿Quién dio la orden de compra? ¿Para qué se compró? Si se necesitaba, ¿por qué se vende ahora?Esas preguntas flotan en el aire durante la primera jornada del debate del estado de la región, celebrada este jueves. Allí inaugura Ayuso la campaña electoral de los comicios de 2027: solo interviene ella, y aprovecha para llenar su discurso de anuncios y críticas a Sánchez. También, de guiños a sus consejeros, llamados así a protagonizar un cierre de filas ante la crisis. Ocurre que el viernes llegará la réplica de la oposición. El momento de que se hable del ático. Y la escenificación de una incongruencia: si el inmueble se adquirió para que sirviera como oficina temporal de Ayuso durante unas obras, ¿por qué no se usa en su lugar el despacho que ya tiene la presidenta en la Asamblea? “Son instituciones diferentes”, contestan en Sol, sede del Gobierno regional, mientras el PP de Madrid se arma para las elecciones con frases que vienen a decir “todo pasa”. El mensaje es resistir. Unir al Gobierno regional en defensa de la presidenta. Esperar a que otra crisis, preferentemente protagonizada por el Ejecutivo de Pedro Sánchez, acapare todos los focos. Lo difícil, sin embargo, es que el PP logre su objetivo mientras tantas preguntas sencillas sobre el ático siguen sin respuesta.
Vamos a hablar de lo del ático de Ayuso por WhatsApp
El PP de Madrid, que sobrevivió a la Púnica, a la Gürtel o a la caída de Cifuentes, apuesta por resistir y esperar a que otra crisis, como la de Ceuta o los problemas que rodean al Gobierno central, acapare los focos







