Fiel a su rica historia que se remonta a 1877, el All England Club decidió blindar su espíritu clásico. Wimbledon, considerado el Grand Slam más conservador y el único que se disputa sobre pasto, optó por no otorgar acreditaciones de prensa a los influencers en su edición venidera.

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La medida funciona como una respuesta directa al desborde que se vive actualmente en el US Open, donde las tribunas se poblaron masivamente de creadores de contenido ante la creciente incomodidad de los protagonistas dentro de la cancha.

Mientras Flushing Meadows apostó por una apertura total a la cultura digital, la dirigencia inglesa prefirió priorizar el rigor del juego. El contraste de filosofías deja en evidencia la tensión entre el espectáculo moderno de las plataformas digitales y la jerarquía de un deporte que demanda un nivel de concentración absoluto, donde el silencio del público resulta un pilar fundamental durante el desarrollo de los puntos.

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