El terremoto de 7,4 de magnitud que hace un mes dejó más de 300 muertos y 4.500 heridos en Colombia ha marcado un antes y un después en la historia reciente del país sudamericano. El Gobierno de Abelardo de la Espriella, que apenas llevaba tres días en funciones, puso la respuesta a la catástrofe en el centro de su agenda. Durante las primeras dos semanas, se enfocó en el rescate de personas y la distribución de ayudas inmediatas, a la par que se extendía una ola de solidaridad ciudadana. Ahora, el país empieza a ver el desafío mayúsculo que tiene por delante: la reconstrucción de cuatro regiones, una tarea tasada en más de 30 billones de pesos o el 1,5% del PIB, y que, según proyecciones, tomará hasta cinco años. A un mes del terremoto, los impactos a largo plazo empiezan a vislumbrarse.La respuesta del Gobierno se ha enfocado, sobre todo, en lo económico. ¿Cómo recaudar esa billonaria suma ante una de las crisis fiscales más graves de los últimos años? De la Espriella ha encontrado la respuesta en la solidaridad de los hombres más ricos de Colombia. El presidente viajó esta semana con un grupo de ellos y de cabezas de grandes compañías al Chocó, el departamento del epicentro del sismo y uno de los más afectados. Allí, prometió lanzar un ambicioso “plan Marshall” con el que atraer la inversión a una de las regiones históricamente olvidadas por la política y el empresariado general.El sector privado se ha convertido en un eje central de la reconstrucción ante la falta de fondos estatales para responder a la catástrofe. Por eso, además de las millonarias donaciones, De la Espriella decretó una emergencia económica, con el fin de conseguir el dinero necesario para iniciar con la reconstrucción. Estas altísimas sumas de dinero se administrarán en el llamado Fondo Milagro, un mecanismo que canalizará los recursos públicos y privados y que está inspirado en el Forec (Fondo de Reconstrucción del Eje Cafetero), que atendió el terremoto de 1999. El Gobierno aún no lo ha creado formalmente ni ha definido su estructura o las fuentes que lo financiarán.La humanidad detrás de la tragediaMientras tanto, el aspecto humano es probablemente el que más ha tocado las fibras de la sociedad colombiana. Varias historias tuvieron gran repercusión mediática y algunos nombres quedarán en la memoria colectiva. Como el de Ana María Saavedra, la joven trilliza de 23 años que sobrevivió al terremoto en Cali y vio morir a sus dos hermanas y a sus padres. O el de Violeta, la niña de siete años que murió abrazada a su abuela en la misma ciudad. O Daniela Largo, la mujer de 32 años que fue rescatada de los escombros en Pereira 36 horas después del sismo. Su caso fue una pequeña luz de esperanza en medio de la tragedia, que duró poco con su muerte unos días después a causa de las heridas.En los primeros días, como es natural, la respuesta se concentró en las tareas de rescate. Más de 300 personas fueron sacadas de los escombros, pero un centenar siguen desaparecidas, dadas por muertas. La solidaridad ciudadana fue protagonista en esta fase inicial. Centenares de campañas sociales en Colombia y el resto del mundo respondieron a las primeras necesidades de los damnificados que, según los datos oficiales, se cifran en más de 400.000. Para ellos, el Gobierno formuló una batería de ayudas, como subsidios temporales o rebajas en las facturas de los servicios básicos.Sin embargo, uno de los mayores retos ha sido que las ayudas lleguen y se repartan de manera equitativa. Autoridades locales han denunciado que la asistencia se concentra en las grandes ciudades y que no alcanza a los municipios más rurales. Fue el caso del Alto Baudó, una zona selvática de Chocó en la que el alcalde ha asegurado en varios medios de comunicación que la ayuda llegaba a cuentagotas. Muchos grupos vulnerables, como las personas desplazadas o las comunidades indígenas, también denuncian una atención desigual. Algunos siguen viviendo en albergues o casas improvisadas. Otro grupo expuesto son los menores de edad. El Ministerio de Educación cifra en medio millón los niños y adolescentes que han visto este mes afectado su acceso a la educación. Según Save The Children, más de 300.000 niños quedaron desprotegidos.Controversias del GobiernoMientras la atención primaria y las primeras ayudas llegaban a los territorios, el Gobierno se enzarzó en varias polémicas, que marcaron su gestión inicial. Muy controversial fue la decisión de De la Espriella de limitar el recibimiento de rescatistas internacionales a solo tres países: Estados Unidos, Israel y Ecuador, que tienen gobiernos ideológicamente afines al suyo. La presencia de los socorristas israelíes —muchos de los cuales son reservistas del ejército— generó un fuerte rechazo en la izquierda.Otro hecho que produjo una gran polémica fue el viaje de descanso que se tomó el ministro de Vivienda, Jaime Andrés Beltrán, a la cabeza de una de las carteras más importantes ante el balance del desastre: 200.000 viviendas averiadas y otras 36.000 completamente destruidas. El funcionario se justificó en que quería “compartir unas horas” con su esposa y sus hijos, pese a sumar en ese momento tan solo una semana en el cargo. De la Espriella también tuvo deslices: en Buenaventura repartió balones de fútbol con propaganda política a los niños, que todavía hoy esperan el restablecimiento total de su esquema educativo.Más allá de los tropiezos, una de las marcas de identidad del Ejecutivo es el permanente viaje de los ministros, del vicepresidente y del propio De la Espriella a las regiones. En su desplazamiento más reciente, el de este lunes con los multimillonarios al Chocó, el presidente le dio eco a una petición que han hecho otros: la reconstrucción va más allá del terremoto. En el caso específico de este departamento, el más pobre de Colombia, el mandatario quiere que se convierta en un centro de inversiones. Para ello, anunció un paquete de infraestructura valorado en 1 billón de pesos, equivalente a todo el presupuesto del Chocó en 2026, para la reforma de infraestructura vial y de un aeropuerto cercano al océano Pacífico. “No vamos a responder a la tragedia del sismo con un programa asistencialista que reparta subsidios y después abandone el territorio hasta la próxima emergencia. La verdadera solidaridad no genera dependencia: emancipa, transforma y crea las condiciones para que una región produzca, crezca y prospere”, dijo De la Espriella en una consigna que miembros de su gabinete han repetido en otras regiones del país.Fase de demoliciónAhora, paradójicamente, la reconstrucción se concentra en la demolición. Ciudades como Cali o Pereira han empezado a derrumbar los edificios con riesgo de colapso. El Fondo Milagro prevé dedicar 2 billones de pesos para esta tarea en el departamento de Risaralda, según indicó esta semana su gerente designado, Jaime Uribe, un cercano colaborador de De la Espriella. Esta fase tomará varios meses, según autoridades locales, pues muchas de las estructuras deben ser derribadas con maquinaria pesada y sin explosivos por su cercanía a otros inmuebles.El antropólogo Juan Carlos Orrego explicaba en su más reciente columna publicada en este diario que la reconstrucción no es solo económica. Además, “redefine agendas de gobierno, crea expectativas y expone a los mandatarios a un examen permanente. En muchos casos, la urgencia social termina forzando decisiones institucionales improvisadas y la presión política empuja soluciones rápidas que pueden comprometer la calidad de la reconstrucción”. La recuperación del occidente de Colombia es una gran prueba para De la Espriella. Figuras afines al presidente han hecho público su “alivio” por ser él el que responda ante la emergencia y no el expresidente y líder de la oposición, Gustavo Petro. En contra, los simpatizantes de la izquierda han criticado duramente la respuesta del Gobierno. Un mes después, Colombia sigue conmocionada ante el mayor desastre natural de esta década y ante los retos económicos y sociales que ya empiezan a salir a la luz.