Tras la victoria de España en el Mundial, el coportavoz de Podemos, Pablo Fernández, apareció en rueda de prensa con la camiseta de la selección. Subrayó que Trump había tenido que entregar el trofeo a uno de los países más comprometidos con Palestina y elogió a la selección como un equipo “diverso, multirracial, integrador y unido”.

La escena resume bien una pauta recurrente: una parte de la izquierda española a menudo siente la necesidad de explicar qué idea de España está celebrando y por qué, cuando anima a la selección. La derecha, en cambio, rara vez siente esa necesidad. ¿A qué se debe esta diferencia?

La explicación más habitual remite a la historia. Como ha señalado Xosé M. Núñez Seixas (2010), la identificación de la bandera, el himno y la idea de España por parte del franquismo dejó una huella profunda en la izquierda democrática. Tras la dictadura, la izquierda tuvo dificultades para articular un nacionalismo español propio, claramente diferenciado del nacionalismo conservador. Esa herencia ayudaría a entender por qué una parte de la izquierda sigue relacionándose con los símbolos españoles de forma más cautelosa.

Pero ¿hasta qué punto esta herencia continúa pesando hoy? Para explorarlo, analizamos varias encuestas del CIS sobre orgullo nacional, que si bien es cierto que quedan un poco atrás las últimas veces que se ha preguntado al respecto, precisamente por ello puede resultarnos útil. Animar a la selección no equivale exactamente a expresar orgullo nacional, pero ambos fenómenos están estrechamente relacionados. Si la hipótesis es correcta, deberíamos encontrar un patrón similar en las actitudes hacia España.