Noticia Exclusivo suscriptores La herramienta, presentada en la revista Marine Pollution Bulletin, se estrenó en la playa de Punta Astilleros, en el Atlántico.El plástico se concentra en varios sectores de las playas del Atlántico y Bolívar. Foto: Cortesía Nelson Rangel BuitragoPERIODISTA09.09.2026 08:55 Actualizado: 09.09.2026 08:55
Investigadores de la Universidad del Atlántico, en Barranquilla, crearon una herramienta capaz de identificar qué marcas, qué empresas y qué tipos de plástico componen la basura que se acumula en las playas, un paso que va mucho más allá de simplemente contar botellas. LEA TAMBIÉN El hallazgo, publicado en la revista internacional Marine Pollution Bulletin, del grupo editorial Elsevier, se puso a prueba por primera vez en el Caribe colombiano, en la playa de Punta Astilleros, en el departamento del Atlántico.Durante décadas, medir la contaminación plástica de una playa se ha reducido a un ejercicio de conteo: cuántas botellas, cuántas bolsas, cuántos objetos por metro cuadrado. Esa cifra sigue siendo útil, pero deja sin responder una pregunta clave: de qué está hecha en realidad esa basura y quién la produjo. Dos playas pueden tener el mismo número de residuos y, sin embargo, revelar historias completamente distintas sobre su origen.El equipo, liderado por el investigador Nelson Rangel-Buitrago, investigador de la Uniatlántico, propone responder esa pregunta con los Índices de Basura Plástica Inspirados en la Taxonomía, conocidos como TIPLI. "Se trata de un conjunto de indicadores que analiza los residuos no solo por su cantidad, sino por su estructura interna: qué productos, marcas y empresas los componen, cómo se comporta cada material y de dónde parece provenir", precisa el documento que conoció EL TIEMPO.Un código de barras para leer la contaminaciónLa lógica detrás de la herramienta está tomada de la ecología. Así como un biólogo describe un bosque no solo por la cantidad de árboles que tiene, sino por cuántas especies distintas conviven en él, los índices TIPLI tratan la basura de una playa como si fuera un ecosistema de productos. Playas de Punta Astilleros en Piojo, Atlántico. Foto:archivo/ El TiempoLa herramienta mide su diversidad: cuántos artículos diferentes aparecen, si unos pocos dominan o si el problema está repartido entre muchos, y qué compañías concentran mayor presencia.El resultado funciona como una especie de código de barras de la contaminación, una firma que permite comparar playas, detectar patrones y entender qué maquinaria de producción y consumo hay detrás de cada residuo. Todo a partir de la información que traen los propios objetos: etiquetas, logos y sellos de fabricación. LEA TAMBIÉN Para poner a prueba el método, el equipo lo aplicó en seis playas de distintos países. El caso colombiano fue Punta Astilleros, en el litoral central del Caribe, entre los departamentos de Atlántico y Bolívar, una playa remota conocida por la enorme cantidad de plástico y madera que arrastra el mar. Allí la herramienta encontró una diversidad altísima: cientos de productos distintos, de más de un centenar de marcas y otro tanto de empresas.Las marcas y empresas que encabezan la listaCuando la herramienta le pone nombre y apellido a la basura, aparecen viejos conocidos del consumo diario. En Punta Astilleros, las compañías con mayor presencia fueron The Coca-Cola Company, Postobón, Grupo Diana, Bavaria y PepsiCo, casi todas nacionales o grandes embotelladoras que operan en el país. Entre las marcas más frecuentes estuvieron Glacial, Pony Malta, Coca-Cola, Gatorade y Cristal.Basura plástica que arrastra el mar hasta su orilla. Foto:Nelson RangelEl dato confirma algo a la vez tranquilizador e incómodo: la mayor parte de lo que ensucia esta playa es de consumo colombiano, un reflejo de lo que la gente compra y desecha tierra adentro.No es basura que llegue de otros países, sino, sobre todo, la propia, la que el sistema de gestión de residuos no logró retener antes de que terminara en el mar. LEA TAMBIÉN "La basura de una playa no es un montón de residuos al azar: tiene una estructura, y esa estructura cuenta una historia," explica Rangel-Buitrago, autor principal del estudio. "Contar cuántos objetos hay nos dice el tamaño del problema; leer su composición nos dice de dónde viene y quién está detrás. Son dos preguntas distintas, y ambas hacen falta."Que los envases de bebidas encabecen la lista no es casualidad, ni en Punta Astilleros ni en las demás playas del estudio. Son productos de un solo uso, fabricados y consumidos en cantidades enormes, hechos de plásticos ligeros que flotan con facilidad y resisten años sin degradarse. Esa combinación de mucho volumen, poca vida útil y gran capacidad de viajar por el agua los convierte en los residuos que con más frecuencia terminan varados en playas de todo el mundo.Una herramienta con límites claros Los autores del estudio insisten en un punto: la herramienta complementa, pero no reemplaza, los conteos tradicionales, que siguen siendo la base para vigilar tendencias y cumplir con la regulación ambiental. También son claros con sus límites. Como el estudio se hizo en seis playas y durante una sola campaña, los resultados de cada sitio no representan a todo el país, sino que sirven para demostrar cómo funciona el método.Para facilitar que otros grupos la adopten, los investigadores redujeron la herramienta a un núcleo práctico de índices esenciales y publicaron de forma abierta los datos y los programas de cálculo, de manera que cualquier equipo del mundo pueda usarla y verificarla.Más allá del ámbito académico, la propuesta abre una puerta concreta hacia la política pública. Al identificar qué empresas y qué tipos de envases concentran la contaminación, esta mirada podría alimentar los esquemas de Responsabilidad Extendida del Productor, que buscan que quien fabrica los envases asuma parte del costo de su gestión, y ayudar a priorizar sobre qué productos actuar primero. LEA TAMBIÉN Los propios autores advierten, sin embargo, que estos índices describen la composición de la basura, no reparten culpas legales: son una línea de evidencia más, valiosa pero no definitiva.El estudio fue liderado por el grupo de investigación Geología, Geofísica y Procesos Marino-Costeros, de la Universidad del Atlántico, con un equipo internacional que incluye instituciones de Brasil, Marruecos, España, Panamá, Reino Unido, Sudáfrica, Estados Unidos y Francia. Una herramienta pensada desde el Caribe colombiano y puesta a disposición del mundo para entender mejor uno de los problemas ambientales más persistentes de esta época.LEONARDO HERRERA DELGANS, periodista de EL TIEMPO. leoher@eltiempo.com y X: @leoher70 Sigue toda la información de Colombia en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.






