El PSOE andaluz lleva años enfrascado en una travesía por el desierto después de ser un partido hegemónico durante casi cuatro décadas. El viaje empezó con la pérdida del Gobierno andaluz, pero el gran golpe llegó en 2023, cuando los socialistas se dejaron gran parte del poder municipal en la comunidad más poblada del país. Es ahí donde residía gran parte de la solidez de un partido que era una máquina de ganar elecciones y ahora ha olvidado el manual de instrucciones para lograrlo.

Hace ahora casi cuatro años, el envite de la ola del PP, a lomos de la absoluta de Juanma Moreno, se sumó al desgaste del PSOE y el golpe que recibió Pedro Sánchez en la cara de los cientos de alcaldes que perdieron su bastón de mando. Cuando faltan ocho meses para las próximas locales, la formación que dirige María Jesús Montero se enfrenta al reto de reconquistar el poder municipal, pero lo hace con más dificultades de lo previsto. Y la tarea no es baladí: el PSOE sólo gobierna en una de las ocho capitales —Jaén—, en una de las diez ciudades más pobladas —Dos Hermanas— y en dos de las ocho diputaciones —Sevilla y Jaén—.

La exvicepresidenta primera reclamó al final del pasado curso a los suyos que se pusieran de acuerdo, que hubiera el menor número de primarias posibles para designar a los candidatos a las alcaldías. Las elecciones internas, bien lo sabe el PSOE, son la fórmula más democrática que hay, pero también suelen generar discordancias a nivel interno que, ,muchas veces son contraproducentes. Con esos mimbres, hay quien ha atendido la petición de Montero y quien la ha obviado. En cuatro de las capitales hay más de un candidato (Jaén, Córdoba, Almería y Huelva), mientras que en las otras cuatro (Sevilla, Málaga, Cádiz y Granada) los aspirantes tendrán vía libre y más tiempo para preparar sus campañas.