El mundo de las matemáticas acaba de sufrir una conmoción. La compañía tecnológica OpenAI ha anunciado este martes que uno de sus modelos de inteligencia artificial (IA) ha encontrado una solución al problema de Navier-Stokes, uno de los seis Problemas del Milenio por cuya solución el Instituto Clay ofrece un millón de dólares. Pero en las últimas horas hemos conocido que la historia esconde una guerra entre compañías tecnológicas, amenazas y la sospecha de que el hallazgo se puede haber basado en los trabajos con papel y lápiz, durante casi una década, de dos matemáticos españoles.
Según OpenAI, un descomunal sistema de 10.000 agentes de inteligencia artificial coordinados y su modelo GPT-6 Astra, la compañía generó en solo 88 horas una demostración analítica de 100 páginas con la solución. Todo un hito para la ciencia, puesto que las ecuaciones de Navier-Stokes, formuladas en el siglo XIX, describen cómo se mueven fluidos como el agua y el aire y se utilizan, entre otras cosas, para diseñar aviones, predecir el tiempo y estudiar el flujo de la sangre.
Pero el matemático Tristan Buckmaster (de la Universidad de Nueva York) ha revelado que él y Levent Alpöge (investigador de Anthropic, principal rival de OpenAI) estaban trabajando en la solución y habían logrado ya un paso previo gracias a una estrategia pionera de los matemáticos españoles Diego Córdoba (del ICMAT) y Luis Martínez-Zoroa (profesor en la Universidad CUNEF). Según su versión, OpenAI abordó a toda prisa la demostración tras descubrir sus trabajos para adelantarse a su rival (Anthropic), y le ofreció sumarse a su bando. Y lo más grave: sospecha que pudo tener acceso a su trabajo para llegar a la solución.










