Nos habían prometido, ayer mismo, que habría presencia policial frente al colegio. Ya ve: ni rastro”. Fátima Embarek es la presidenta del ampa del colegio Ramón y Cajal, al que algunos ceutíes aún conocen por su antiguo nombre de Convoy de la Victoria. Ni un agente o soldado a las ocho y media de la mañana –la cita es a las nueve– salvo Hebil Tarek, de once años, y su padre Mohamed. “Tiene tantas ganas de empezar que ya estamos aquí”Tampoco a la hora de la salida, la una, hay un solo policía, legionario o soldado de los que tanto abundan en otras zonas. La única empleada de seguridad privada en el Ramón y Cajal trina: “aquí mismo ayer hubo una bronca de una pareja de inmigrantes que casi se pegan”.Los alumnos del CEIP Ramon y Cajal, de entre cuatro y doce años, son ceutíes musulmanes en más de un 90% y no viven en el centro sino en este barrio de Hadú, de fisonomía destartalada. “Nos están enviando los inmigrantes a la periferia y ni siquiera hoy protegen nuestras escuelas. ¡También somos españoles!”, protesta Sabah, de 47 años, divorciada y madre de cuatro hijos. Escoltar a los cuatro, con diferentes horarios, es un atolladero pero lo considera imprescindible. De momento, ningún menor de 18 años puede recoger a un alumno ni que sean hermanos.Los habitantes de Ceuta buscan recuperar la normalidad mientras se busca una solución a la crisis migratoriaMarcos Moreno“Había mucha vigilancia a las puertas, todo perfecto, la verdad. Me niego a que no vaya a clase”, señala Juan, un policía municipal recién jubilado que viene de dejar a su hija de 13 años en los Agustinos, en el centro urbano. La percepción va por barrios y hay barrios y barrios. El primer día de clase confirma una tendencia: la inmigración se ha desplazado –o la han desviado– a la periferia y está controlada en el centro, donde la normalidad guarda las apariencias.“¡Somos españoles!” protestan ceutíes musulmanes al ver que no hay un solo agente en el Ramón y CajalLa ministra de Educación, Formación Profesional y Deporte, Milagros Tolón, visitó Ceuta y aportó estimaciones: un 70% de los alumnos asistió a las aulas. Dos de cada tres. Y tres fueron los ministros presentes ayer en Ceuta.Quizás en la víspera el periodista no eligió bien la escuela a visitar. El Ramón y Cajal de Ceuta tiene solera educativa –data de 1954–, se ubica en un barrio modesto y casi todos sus alumnos “entran en la escuela sin expresarse bien en español porque en casa hablan dariya (árabe coloquial)”, según una profesora del centro a título de anonimato (el director no atendió las llamadas para esclarecer la invisibilidad policial). Un centro al azar de Ceuta para verificar la anunciada seguridad reforzada en los accesos a todos los centros educativo.Muchos padres se extrañaron de la ausencia en el Ramón y Cajal. “Nos discriminan”. He aquí el resumen. “Somos ceutíes musulmanes pero eso no nos sitúa a favor de los que han entrado ilegalmente”, señala otra madre que espera la salida de su hija y tiene segunda residencia en Marruecos. Por alguna razón oculta, parece que sean ellos quienes más deben apechugar con la invasión.“Las cifras oficiales de inmigrantes en Ceuta son bajas. En nuestros barrios hay centenares escondidos, acogidos en casas o que han alquilado sitios para refugiarse. No irán a centros de acogida por voluntad propia porque temen ser controlados y devueltos. Si siguen en Ceuta, las mafias los pueden trasladar a la península”, señala un padre con el coche en la puerta.La ministra de Educación estima que la asistencia del primer día de clase en Ceuta fue del 70%Con o sin seguridad, las escenas del retorno a las aulas en el Ramón y Cajal son conmovedoras: hacen creer en lo decisiva que es la educación y lo vocacional y gratificante que puede ser la docencia. Los niños entran con ganas al patio, los profesores les dan abrazos y besos y repiten “¡gracias por traerlos!” a las madres –pocos padres–, con la cabeza cubierta, que se despiden emocionadas. El contrato social funciona en este barrio de Hadú, invisible en otros aspectos y alejado de los itinerarios ministeriales.El despliegue militar fue captado por las cámaras en otros puntos calientes de Ceuta, alguno periférico, por su proximidad a centros de embolsamiento o la playa del Trampolín, caso del colegio Santa Amelia.“Los problemas no están en la puerta de los centros sino en los accesos y hay muchos rincones de estos barrios donde andan los inmigrantes. ¿Dónde van a hacer sus necesidades? Y algunos sólo hacen que trapicheos”, señala un padre que ya fue alumno del Ortega y Gasset cuando era Convoy de la Victoria y que reside en el barrio del Príncipe. “Ojalá Vox no saque partido porque Ceuta o es convivencia o no será nada”, se despide la profesora, extremeña.Nacido en Barcelona, licenciado en Periodismo por la Universidad de Navarra y becado un curso en la Missouri-Columbia University, entró en 'La Vanguardia' en 1982, donde ha hecho casi de todo. Corresponsal en Hong Kong (1987-1993), Washington (1993-96) y París (1996 al 2000). Ha cubierto tres elecciones presidenciales en EE.UU., tres en Francia, las guerras de Kuwait, Irak, Ucrania y Gaza, los funerales de Hiro Hito, Rajiv Gandhi, Deng Xiaoping, Nixon o Hassan II, el 11-S de Nueva York, el accidente nuclear de Fukushima así como tres mundiales de fútbol y los JJ.OO de Seúl, Barcelona, Atlanta y Atenas. Redactor jefe de Internacional y actualmente articulista del diario. Ha perpetrado tres libros: 'Menuda tropa', 'Esta ronda la pago yo' y 'Cuando de dejan'.