Actualizado Martes,
septiembre
13:27Las puertas del colegio Ortega y Gasset de Ceuta se abren a las 9 de la ma�ana. Desde unos minutos antes, los alumnos se agolpan ante las puertas del centro de las manos de sus padres. Es el primer d�a del curso escolar. -�Tienes ganas?, le pregunta emocionado un padre a su hija esperando una respuesta efusiva. Ella levanta los hombros con indiferencia. -No mucho, le contesta. Hoy est�n llamados a volver los 13.000 menores a los 35 centros escolares de la ciudad de Ceuta. Lo hacen bajo una incertidumbre de si acudir�n sus compa�eros o c�mo se desarrollar� el primer d�a de clase tras la situaci�n que vive la ciudad desde hace m�s de un mes. Sobre las ocho y media de la ma�ana un helic�ptero militar sobrevuela la zona. Una imagen at�pica que los ceut�es reciben con cierta "normalidad" dadas las circunstancias. En la puerta, una ni�a de no m�s de 8 a�os saluda amigable a uno de los militares que hacen guardia en los accesos. �l le devuelve el saludo. Son seis y su presencia tambi�n es una imagen que choca. Ni�os con mochilas nuevas y con la ilusi�n de reunirse con sus amigos, frente al semblante serio del Ej�rcito quienes lleva m�s de un mes velando por la seguridad de la zona. "Hemos tenido que explicarles que son buenos y que vienen a ayudarnos", explica una madre que asegura haber recibido un bombardeo de preguntas por parte de sus hijos. En la puerta otra mujer llega con atuendo de trabajo, traje negro completo. Abre la puerta trasera del coche y su hija (que no tendr� m�s de 10 a�os) da un salto para bajar del veh�culo. Le acompa�a al acceso donde un hombre de m�s de 80 a�os la espera y la recibe con un gran abrazo. Es su abuelo. Seg�n su nieta "el mejor abuelo del mundo", dice contenta. Le llaman El patilla y ha regentado un bar durante m�s de 40 a�os: "Yo en mi negocio he lidiado con todo y hoy tengo que estar aqu� para cuidar de mi nieta, mi hija no puede hacerlo y mi otro hijo est� cuidando de otra de las peque�as de la familia. Nos organizamos como podemos". Esta es la realidad de los ceut�es a 8 de septiembre tras la entrada masiva de inmigrantes del pasado 30 de julio. Aut�nticos malabares entre padres que trabajan y ni�os que ya no pueden ir solos al colegio. Los m�s afortunados tienen abuelos que les ayudan. "Mira, este es mi abogado -dice mientras ense�a un palo con la inscripci�n: "El abogado del Patilla"- si alguien viene a tocar a mi nieta no voy a dudar en utilizarlo". Cuando preguntamos a su nieta si tiene ganas de volver a clase su respuesta no es otra que "bueno... no mucho. Creo que no van a venir la mayor�a de mis compa�eros", y esa tambi�n es una realidad latente. De hecho, minutos m�s tarde un coche cruza por delante de la escuela, un hombre saca la cabeza y grita "�Yo a los m�os no los pienso traer!". "El cole es donde mejor van a estar, el problema es la calle"Va pasando el tiempo y otros ni�os se acercan a la puerta. Todos ellos acompa�ados, ni uno solo acude sin respaldo familiar. Es el caso de una madre que camina junto a sus dos hijas que se agarran con ilusi�n e incertidumbre a sus mochilas nuevas de ruedas: "Ten�a que traerlas, dejarlas en casa es m�s un castigo para ellas que para nadie -dice-. Adem�s, dentro del cole es donde mejor van a estar. Una vez que entren yo ya me quedo tranquila. El problema es la calle" asegura. A las nueve menos cinco las puertas se abren y los ni�os van accediendo. Los padres los entregan a las mujeres del centro que esperan a recogerlos en el acceso. Entrega en mano, como quien dice. Una vez que los ven dentro del recinto se quedan tranquilos y se marchan. Minutos m�s tarde, este peri�dico se re�ne con Javier P�rez Rodr�guez, director del Instituto Puertas del Campo, un centro educativo de 450 alumnos. Est� situado en el barrio que se conoce como El Morro" a dos kil�metros del pol�gono del Tarajal. En la zona hay j�venes inmigrantes que habitan en las calles y en los portales. Los callejones estrechos de la barriada facilitan los escondites. Es com�n verlos deambular por la zona, aunque en esas primeras horas de la ma�ana la mayor�a de ellos a�n duerme. "Educativamente estamos como en una burbuja", explica Javier, "Quiz�s el problema es m�s extramuros". Sin embargo, la preocupaci�n de la gran mayor�a de los docentes tiene un punto com�n: "No sabemos c�mo vienen los ni�os de sus casas. Con muchas ganas, o con mucho des�nimo, con miedo...no sabemos", asegura. El director afirma que la incertidumbre de los j�venes se trasladar� a las aulas, donde har�n preguntas para tratar de comprender la situaci�n que han estado viviendo (y contin�an) hasta ahora: "Es fundamental responderles adecuadamente y de forma l�gica. Obviamente lejos de la pol�tica, pero sin distorsionar la realidad", sentencia. La seguridad de los centros corre a cargo de un solo vigilante se seguridad privada que controla los accesos, algo que resulta deficiente en caso de que pudiera ocurrir alg�n altercado: "Entender que un vigilante de seguridad es suficiente para una situaci�n extrema de este tipo, pues a m� se me antoja muy complicado. Pero bueno, menos es nada", se lamenta. Javier apela a la educaci�n de los j�venes asegurando que en su centro se va a mantener la m�xima normalidad de las actividades y tratar�n de atender emocionalmente a los ni�os que lo necesiten dentro de los "escasos recursos" que tienen. Sin embargo, comprende esa preocupaci�n en los padres porque asegura que "es evidente que ha habido una realidad. Un mal sue�o para esta ciudad"












