A primera hora de la mañana, las farolas iluminan el camino a los primeros alumnos que llegan al colegio público Lorenzo Luzuriaga, en el barrio de Mirasierra (norte de Madrid). Marina Pumarada llega con su hija, que empieza tercero de Primaria. Cuenta que la niña “ya tenía muchas ganas de volver y encontrarse con los amiguitos”. Algunos alumnos corren al ver a sus compañeros ya dentro. La familia acaba de volver de vacaciones en Asturias y ha vivido “un cambio brutal” de temperatura. El calor en las aulas amenaza con convertirse en el gran protagonista del inicio de un curso escolar que este lunes ha empezado en Madrid y Euskadi. Seguirán de forma escalonada las demás comunidades a partir de este martes. Más de ocho millones de estudiantes vuelven a las aulas esta semana. En junio, el Defensor del Pueblo ya había recibido unas 400 quejas por las altas temperaturas en el interior de los colegios. Pumarada asegura que se nota el impacto del calor en “el carácter” de su hija: “Está más irritable, más agresiva”. A la entrada, todos se quejan. María Pérez, profesora de inglés del colegio, bromea: “¡Vamos a morir!”.En el CEIP Nuestra Señora de la Paloma, en el centro de Madrid, las referencias al termómetro son constantes. “Es un edificio antiguo, no está preparado. Los mayores están con pulverizadores. Los niños tienen que venir con sus botellas de agua y los profes los animan a que se mojen el pelo”, afirma Ángela Sepúlveda, madre de Izan, de cuatro años. Sandra Valiente, la directora de este centro que ha recibido a 430 alumnos de Infantil y Primaria, destaca que a las 9.30 la mayoría de sus 18 aulas ya superan el límite de 27 grados. “No se necesita aire acondicionado en todas las clases, pero sí en algunas dependencias, como el comedor. Con el calor que desprende la cocina, es insostenible. Me preocupa que haya desmayos, a la hora de comer tenemos cerca de 40 grados”, indica.Para José Eizmendi, director del colegio concertado Aldapeta Maria de San Sebastián, un centro concertado con 2.200 estudiantes y 240 educadores, es un día de “nuevas ilusiones y nuevos retos”. A las 9.00 bajo el cielo plomizo en la capital guipuzcoana, las familias despiden a los menores: “Es un cambio de rutina, ellos necesitan volver al cole, pero hay que gestionar sus nervios”, comenta Alejandro Miranda, padre de tres niñas de 4, 7 y 10 años de edad. Media hora después están citados los mayores, el tropel de Bachillerato. Ellos forman corrillos, chocan las manos, se funden en abrazos... “Hoy toca transmitirles tranquilidad, pero a la vez deben saber que la educación exige responsabilidad y autonomía. Están cerca de dar el salto a la universidad y esto nos obliga a ayudarles”, dice el profesor Ion Gil.No es un día caluroso en San Sebastián, pero las altas temperaturas también son una preocupación en el sistema educativo vasco. El Departamento de Educación ha puesto en marcha un programa piloto en cuatro centros públicos de Bizkaia que contempla actuaciones de ventilación, creación de espacios de sombra y renaturalización de patios, entre otras medidas. Aldapeta cuenta con un sistema de ventilación que mantiene el edificio “en unas condiciones agradables”, según su máximo responsable. En algunas dependencias se han instalado ventiladores de techo.Las huelgas y reivindicaciones de docentes son la otra gran cuestión presente en este inicio de curso, con paros convocados en Madrid, Cataluña y Andalucía para exigir mejoras en la enseñanza pública. Otras seis autonomías son escenario de tensiones que pueden desembocar en paros. La secretaria general de la federación de Educación de CC OO en la capital, Aida San Millán, denuncia la falta de previsión en la cobertura de bajas, la pérdida de especialistas en inclusión y el incumplimiento de los cupos docentes acordados. Antes del paro indefinido convocado a partir del 14 de octubre, habrá una manifestación el 27 de septiembre “si el Ejecutivo regional no abre una negociación real”. Los progenitores que acuden esta mañana al colegio público Rabindranath Tagore de Madrid muestran su apoyo a los docentes. Carmine Herranz, de 45 años, afirma: “Yo estoy a favor, porque si cada vez las cosas van a peor y no nos quejamos ni nos ponemos serios, no va a mejorar”. Coincide Agui Sabate, de la misma edad. “Estamos totalmente a favor. El Gobierno tiene que priorizar a los profesores”.San Millán considera que el comienzo del año académico no puede abordarse con normalidad, “cuando se rompen los equipos que atienden al alumnado más vulnerable, se retrasan los nombramientos docentes y se ignoran los acuerdos de plantilla firmados”. A su juicio, la Consejería está llevando a la educación pública madrileña a un límite insostenible. María Vega, profesora de inglés en el colegio Gonzalo de Berceo, ubicado en el distrito de Carabanchel, se muestra preocupada por la climatización de las aulas. “Llevo una semana trabajando sin alumnos a 31 grados a las 12.00, volviendo a casa 15 minutos antes del final de la jornada con dolor de cabeza”, confiesa angustiada por el regreso a las aulas de los más pequeños. Valiente indica que la atención a la diversidad también le preocupa. “La orientadora asistía a nuestro centro tres días por semana, este año ya solo dos. Hay evaluaciones psicopedagógicas que se quedan pendientes de un curso para otro. Debe haber una profesional de este tipo para cada 250 alumnos y tenemos un tercio para 400”, indica. En el CEIPSO Ángel González de Leganés, que alberga más de 400 alumnos, los docentes Jesús Martín e Irene Verdejo declaran su intención de participar en la huelga. “Las ratios de alumnos por profesor no son adecuadas, cada vez hay más burocracia, necesitamos menos carga lectiva y denunciamos pocas herramientas para atender la diversidad en el aula”, indican tras aclarar que además de sus 30 horas de jornada lectiva, tienen siete horas y media semanales de trabajo en casa. Ambos denuncian falta de personal administrativo: “Cada informe de altas capacidades requiere dos horas de trabajo, por ejemplo, además de encuentros con familiares y especialistas”.Sandra Blázquez, integrante del movimiento asambleario Menos Lectivas y profesora en un centro del sur de Madrid, denuncia la situación. En su entidad exigen una subida salarial de 600 euros mensuales en el complemento específico general y la equiparación retributiva para el profesorado de formación profesional, pedagogía terapéutica y audición y lenguaje: “1.800 euros para vivir en Madrid no es suficiente. Somos una de las autonomías con peores condiciones”, denuncia. Solicitan una bajada de ratios hasta situarlas en 13 alumnos por aula en infantil, 15 en primaria, 20 en secundaria, 23 en bachillerato y 15 en formación profesional. Euskadi inicia esta etapa lectiva con 280.386 alumnos inscritos en toda la parrilla educativa, desde Infantil hasta el Bachillerato, que serán atendidos por 32.000 profesionales. La matrícula desciende un 4,2%, según datos de la consejería de Educación, una tendencia que también se produce en el resto de España. Según los últimos datos publicados, el curso pasado cerró con 67.000 estudiantes menos que el anterior en todo el país, una bajada del 0,8%, hasta un total de 8.249.174. Una evolución que no es homogénea, ni en las etapas ni en las redes educativas. La educación pública cerró con 53.765 alumnos menos, un descenso del 1% que dobla en porcentaje al que registró la privada, que perdió 13.660.La diferencia a favor de la privada no procede de las etapas obligatorias, donde la escuela pública resiste mejor. En Primaria su matrícula se redujo en 30.693 alumnos, el 1,7%, mientras en la privada lo hacía en 18.080, el 2,1%. Y en la ESO, la pública se redujo en 15.414 estudiantes, un 1,1%, y la privada en 9.352, un 1,3%.Hay muchos más colegios de primaria públicos, 10.281, que privados, 3.497. En parte porque los públicos cubren casi todas las áreas rurales. A pesar de ello, el curso pasado cerraron más del doble de escuelas privadas, 58, que públicas, 23. Ello se explica en buena medida porque los centros privados, parte de los cuales tienen ánimo de lucro, son más sensibles a la caída de la natalidad. El curso pasado también cerraron 11 centros privados que ofertaban la ESO. La educación privada no universitaria se reduce menos que la pública debido a las etapas no obligatorias, y especialmente a la Formación Profesional. Su fuerte crecimiento en dichas enseñanzas continúa, en parte por la falta de plazas en la pública, y en parte porque la modalidad a la distancia, en la que concentra buena parte de su oferta, se adapta mejor a los alumnos que trabajan a la vez que estudian. La matrícula de FP de Grado Superior en esa modalidad creció el curso pasado en 5.488 alumnos, un 5,6%, más, hasta alcanzar los 103.053. La pública perdió, en cambio, 352 alumnos en la FP superior a distancia, y se quedó con 66.825 estudiantes. El Gobierno tiene previsto presentar este curso una nueva normativa que hará más estrictos los requisitos para los centros de FP privada. La caída acumulada de la natalidad desde 2009 —la bajada se rompió a partir de 2024, pero con aumentos muy pequeños— explica por qué las etapas de 3 a 16 años perdieron casi 100.000 alumnos el curso pasado. El descenso hubiera sido todavía más dramático para las escuelas e institutos sin la incorporación de chavales extranjeros a las aulas de Primaria y la ESO, donde aumentaron en 13.613.Con información de Mikel Ormazabal e Ignacio Zafra.
El calor marca la vuelta al cole: “Me preocupa que haya desmayos, a la hora de comer tenemos cerca de 40 grados”
Madrid y País Vasco son las primeras comunidades que inician un curso condicionado por las temperaturas y huelgas de docentes en buena parte de España











