ReseñaAruba llegó a ser el mayor exportador de aloe del planeta. Más de 130 años después, Royal Aruba Aloe mantiene viva esa tradición.Mucho antes de convertirse en un destino turístico del Caribe, Aruba construyó parte de su economía alrededor del aloe vera. Foto: Aruba AloePERIODISTA DE MEDIOAMBIENTE Y SALUD08.09.2026 17:15 Actualizado: 08.09.2026 18:05

Antes de que Aruba se convirtiera en el destino de playas turquesa que hoy atrae a cientos de miles de turistas cada año —muchos de ellos colombianos, gracias a la conexión aérea directa que ofrecen aerolíneas como Avianca—, esta franja de 33 kilómetros de largo en el sur del Caribe vivió otra época dorada: la del aloe vera.La planta llegó a Aruba hacia 1840, traída por el entonces gobernador holandés Reinier Frederik van Raders. Lo que parecía un experimento agrícola en un territorio árido, de suelo calcáreo y lluvias escasas, terminó siendo exactamente lo que el aloe necesitaba para prosperar: el clima seco y el sol intenso del Caribe sur concentran en la planta una potencia de nutrientes que, según la propia industria arubeña, es difícil de igualar en otras latitudes más húmedas. LEA TAMBIÉN El clima seco y el sol intenso de Aruba hicieron prosperar el cultivo. Foto:Aruba AloeEl cultivo se expandió con tal fuerza que, hacia la década de 1920, cerca de dos terceras partes de la superficie de la isla estaban sembradas de aloe. Aruba llegó a ser el mayor exportador de aloe del mundo, y la planta se volvió un símbolo tan importante para la identidad local que hoy figura en uno de los cuadrantes del escudo de armas de la isla. No es casualidad que a Aruba se le conociera entonces como la “isla del aloe”.De esa época dorada sobrevive, hasta hoy, una sola compañía: Royal Aruba Aloe, fundada en 1890 por el empresario Cornelis Eman en los terrenos de Hato, en las afueras de Oranjestad. La empresa es una de las pocas en el mundo que siembra, cosecha y procesa el aloe en un mismo predio, sin depender de materia prima importada. Ese factor —sumado a sus más de 130 años de operación ininterrumpida— la convierte en una de las compañías de aloe más antiguas del planeta.Los viajeros pueden recorrer gratuitamente un museo y una fábrica con más de un siglo de historia. Foto:Aruba AloeEn 2021, Royal Aruba Aloe recibió del rey Guillermo Alejandro de los Países Bajos la distinción "Real" (Koninklijk), un reconocimiento que la convirtió en la primera empresa del Caribe neerlandés en ostentar ese título, otorgado únicamente a compañías con una trayectoria consolidada y una contribución significativa a la economía y la sociedad.Hoy, la compañía emplea a cerca de 150 personas y exporta sus productos —geles, cremas, protectores solares y líneas para el cabello, todos elaborados con aloe cultivado en la propia isla— a más de 50 países.La finca original de 60 hectáreas en Hato sigue en uso y puede visitarse junto con el museo y la fábrica en recorridos guiados y gratuitos, disponibles en español, inglés, neerlandés y papiamento. El museo funciona como una suerte de archivo vivo de la historia arubeña: conserva herramientas y maquinaria de más de un siglo de antigüedad y explica, paso a paso, el proceso que convierte una penca recién cortada en gel puro.Durante el recorrido, los guías muestran cómo se corta la hoja —siempre a mano y dentro de las horas siguientes a la cosecha, para conservar sus nutrientes— y permiten a los visitantes tocar el gel directamente de la planta antes de pasar a la fábrica, donde ocurre la transformación en los productos que después se venden en la tienda de la finca y en las demás sucursales de la isla. LEA TAMBIÉN También existe una experiencia privada para elaborar un exfoliante con aloe recién cosechado. Foto:Aruba AloeHay opciones de recorrido privadoMás allá del recorrido gratuito por el museo y la fábrica, Royal Aruba Aloe también ofrece experiencias pagas pensadas para grupos grandes. Se trata de un tour privado que se desarrolla en medio de la propia plantación de Hato, entre las hileras de pencas que llevan más de un siglo creciendo en ese mismo terreno.Durante esta experiencia, los visitantes no solo observan el proceso de cosecha, sino que participan directamente en él: cortan sus propias hojas de aloe fresco y, con la guía de un instructor de la compañía, extraen el gel para elaborar un exfoliante corporal personalizado.A la base de aloe se le suman ingredientes naturales como avena o aceite de coco, que aportan textura y propiedades adicionales para la piel, en una suerte de taller de cosmética artesanal que combina la tradición agrícola de la isla con una experiencia sensorial de bienestar. LEA TAMBIÉN Royal Aruba Aloe conserva herramientas y maquinaria de más de un siglo. Foto:Aruba AloeEl resultado —un exfoliante hecho por el propio turista, con aloe recién cortado de la planta que tiene entre sus manos— se puede llevar a casa como recuerdo, y convierte lo que en el recorrido tradicional es una explicación sobre el proceso industrial en una vivencia directa con la materia prima que hizo famosa a la isla.La historia del aloe en Aruba es, en el fondo, la historia de cómo una isla pequeña, sin agua dulce abundante ni tierras fértiles en apariencia, encontró en su propio clima hostil la materia prima de una industria que la puso en el mapa mucho antes de que el turismo lo hiciera.Antes de sus playas turquesa, Aruba fue la gran potencia mundial del aloe Foto:Aruba AloeHoy, entre las excursiones de playa, buceo y atardeceres, la visita a los campos de Hato sigue siendo uno de los pocos lugares de Aruba donde el pasado agrícola de la isla —y no solo su litoral— se puede tocar con las manos.EDWIN CAICEDOPeriodista de Medioambiente y Salud @CaicedoUcros Sigue toda la información de Vida en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.