Pensar en Aruba es invocar de inmediato imágenes de arenas blancas, atardeceres encendidos sobre el mar Caribe y torres hoteleras de lujo. Sin embargo, la denominada Isla Feliz esconde rincones que logran corrernos del típico descanso playero para proponernos experiencias sensoriales completamente distintas. Dos de ellas -tan singulares como fascinantes- permiten descubrir el lado más verde, curioso y artesanal del territorio insular: el mariposario The Butterfly Farm y la bodega Alto Vista Winery, la única de la isla. Dos excursiones imperdibles para agendar, caminar sin apuro y llevarse una sorpresa inolvidable.
The Butterfly Farm: el "efecto mariposa" en medio del Caribe
Ubicado en una zona donde la brisa y la vegetación tropical se abren paso, el mariposario lleva cerca de 27 años funcionando como un santuario de la especie tanto para locales como para turistas. Cruzar la puerta de ingreso implica sumergirse en un gigantesco jardín húmedo, protegido por una malla especial que bloquea el 80 % de los rayos solares más intensos, logrando que el calor no agobie y que la visita se convierta en un paseo sumamente amigable. El recorrido -incluido en la entrada general, que de U$S 19 para adultos- incluye una detallada explicación guiada a cargo de expertos locales que dominan varios idiomas. Allí se desmenuza el ciclo de vida de estos insectos: desde el huevo inicial y la etapa de oruga (focalizada en comer, crecer y defecar), pasando por el capullo donde ocurre la fascinante metamorfosis -lo que en biología se conoce como apoptosis o autoprogramación celular-, hasta la adultez.








