NoticiaAlgunos establecimientos consideran a los influencers aliados para atraer clientes y otros cuestionan sus exigencias y la falta de transparencia.Foodies Foto: CortesíaPERIODISTA08.09.2026 15:13 Actualizado: 08.09.2026 15:13
Ir a un restaurante es casi como un ritual. Uno se sienta y, mientras se conversa con la persona que se tiene enfrente, se espera con ansias ese plato que se está saboreando desde que se leyó lo que traía en la carta. La experiencia es encantadora. Pero, ahora, en medio de la parafernalia, se puede escuchar a alguien en la mesa del lado gritando: “Bienvenidos a esta joya escondida...”. O tomando lo que hay en el plato para destrozarlo entre las manos y grabarlo; o con trípodes y luces alrededor de la mesa.El furor de los foodies —como se conoce a muchos de los creadores de contenido que recomiendan restaurantes— ha empezado a afectar las experiencias de los comensales y de los mismos establecimientos, al punto de que algunos restaurantes en Europa y México ya están prohibiendo la entrada de estos creadores. También están quienes se toman el atrevimiento de pedir una buena cantidad de platos y, cuando llega la cuenta, responden con un: “Yo te subo un videíto de lo que comí y así quedamos”, sin haberlo acordado previamente con el restaurante.Uno de los casos más comentados en redes sociales ha sido el del Guachinche Casa Aguere, en Santa Cruz de Tenerife (España), que colgó en su fachada un letrero con el que les niegan la entrada a los influenciadores. Asimismo, Pastifizzio, en Valladolid (España), se ha sumado a la ola, como lo hizo saber a través de su cuenta de Instagram: “Ya hemos recibido varias propuestas para venir invitados a cambio de publicar reels, historias o reseñas. Nos encanta que queráis venir, conocernos y compartir vuestra experiencia. De verdad. Pero creemos que una reseña tiene más valor cuando nace de forma libre, sin una invitación de por medio. Por eso no intercambiamos comida por publicaciones u opiniones”.Foodies Foto:CortesíaSin embargo, al aterrizar esta realidad en Colombia, el panorama es más complejo. Los restaurantes del país también se han dado cuenta de que la visibilidad y la posibilidad de dar a conocer sus proyectos gastronómicos pueden ser una ayuda para perdurar en el tiempo. Y es que el contexto empresarial no es sencillo: solo cuatro de cada 10 empresas colombianas que nacen con empleados logran mantenerse activas después de tres años, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (Ocde), que ubica a Colombia como el cuarto país con la menor tasa de supervivencia empresarial entre 39 economías analizadas. En otras palabras, de cada 100 empresas, solo 38 logran superar los tres años de operación.“Algunos restaurantes necesitan que haya gente posicionada, un perfil creíble dentro de la industria, recomendando o hablando bien de un restaurante. Esa campaña, que generalmente se hace a través de un equipo de comunicaciones, es muy distinta a la de una hamburguesería que acaba de empezar y necesita que todo el mundo la conozca de manera mucho más masiva. Según el perfil del restaurante o la marca, se hace una estrategia a la medida de sus necesidades: en qué momento está el lugar, qué es lo que necesita y, a partir de ahí, se busca quién me ayuda a hablarle a la audiencia que yo quiero, con fotos, posts, videos o reels, o incluso siendo la imagen de mi marca en una campaña grande. Porque el error que se comete es que se busca a cualquier influencer con muchos seguidores, pero que no se siente creíble y que no conecta con la audiencia”, cuenta Londoño.Para la estratega, también hay que poner el foco en la cercanía que hay entre el proyecto gastronómico y el portavoz, en este caso, foodie. Lo más recomendable es que el restaurante detecte qué personalidades van con lo que quiere comunicar y que los influencers se vuelvan embajadores de marca a largo plazo. Así, lo que se comunica es acorde con la marca, se habla desde el conocimiento pleno y la credibilidad empieza a crecer, lo que se ve reflejado en los ingresos, las visitas y recomendaciones basadas en el voz a voz.“De lo contrario, pasan los siguientes casos: tres restaurantes de fine dining contrataron a un influencer que es muy reconocido porque los restaurantes que recomienda se llenan de muchísima gente. Fue, hizo sus videos. A los pocos días, había filas de gente esperando mesa. Pero, cuando entraron a comer, empezó todo a ir mal. ‘Qué poquita la comida que sirven aquí’, decían algunos. Otros no entendían los conceptos de la carta”, dice Londoño y recuerda que esas son las consecuencias de no atraer a la audiencia correcta.Además, Margarita Bernal, cocinera profesional, crítica y experta en el tema, considera que generalizar puede ser un error cuando se habla de la relación entre influencers y restaurantes. “Hay gente que hace el trabajo bien y que ayuda a los restaurantes. Me parece que hay otra que no tiene ni el conocimiento, ni el rigor, ni el criterio para poder recomendar un restaurante. Simplemente lo hacen porque les parece rico ir a comer gratis a los lugares. Mi diagnóstico en Colombia sobre los foodies, que además odio la palabra foodie, es que no hay que confundir tener un celular y tener seguidores con tener conocimiento y criterio sobre el sector, y que pueden llegar a ocasionar mucho daño o mucho bien”, explica.Para la experta, la diferencia entre quien hace bien este trabajo y quien no está en el conocimiento. En un mundo ideal, las personas que se involucran en la industria deberían partir del respeto y de entender todo el empeño, trabajo e investigación que hay detrás de un plato de comida.Foodies Foto:Cortesía“El asunto se vuelve perjudicial cuando, sin criterio, salen a destruir un negocio. Aunque eso ya no se ve tanto. Pero cuando tú vas y simplemente haces una reseña de un lugar y cuentas cómo te fue en tu experiencia, con objetividad, como lo hacen muchos, y con el entendimiento del sector, me parece que aporta”, dice Bernal.Ahora bien, ¿qué tan efectivos son los videos de los foodies? Eso también depende de toda la estrategia que se despliegue. Lo que cuenta Julia Londoño, directora de Juliademiamor Consultora Gastronómica y quien se encarga de potenciar la visibilidad de este tipo de negocios, es que cualquier momento puede ser bueno para hacer una campaña de influencer marketing, pero depende de cómo se plantee.“Lo importante es entender cuál es la necesidad: si tú quieres que más gente te conozca, si quieres que un perfil específico de consumidor te conozca o si estás buscando frecuencia. La elección del influencer es clave porque, además de que se asocie con los valores de tu marca, tú le estás hablando a sus seguidores a través de la campaña. Es fácil que la gente confunda la imagen del influencer con sus seguidores del influencer. Por ejemplo, qué tal cuando a un restaurante carísimo invitan a puras modelos o personalidades de la televisión, que tienen muy buenos números en redes sociales, pero a las que solo siguen personas de estratos dos y tres. Eso es un despropósito”, dice Londoño.Por otro lado, en muchos casos, estas reseñas son acordadas con los chefs o administradores. Los creadores son invitados y reciben los mejores platillos del restaurante para grabar sus videos, o incluso les pagan por probar la carta y dar sus opiniones. En este último caso existe un acuerdo comercial que, según Bernal, puede terminar afectando la percepción que tienen los usuarios sobre la independencia de esas recomendaciones.“Como consecuencia, este tipo de personajes han perdido credibilidad porque ya se entiende que al influencer, en muchos casos, se le paga: el restaurante le paga, lo contrata o no le cobra la comida. Eso también es muy riesgoso porque la poca gente que todavía les cree no sabe que hay publicidad paga involucrada. Uno debería saber cuándo los están invitando o cuándo es pago”, cuenta Bernal.. Foto:CanvaOtro fenómeno que se ha encontrado recientemente en la industria es que las personas, no necesariamente influencers, critican aspectos de los establecimientos —el sabor, la experiencia o el servicio— sin tomarse el trabajo de hablar con el personal del lugar.“Eso se traduce en que no quieren aportar al restaurante cuando algo sale mal y encontrar una solución”, dice Margarita. Y continúa: “Entonces, un creador de contenido va a un restaurante, no tiene una buena experiencia y decide salir a destruir a ese negocio en lugar de hablar directamente. Eso puede hacer muchísimo daño”.Aunque los foodies parecen abundar cada vez más y pueden aportar a las ventas, chefs y establecimientos también se hacen cada vez más preguntas sobre su participación. ¿Vetar a los influencers de los restaurantes es una tendencia que llegará al país?Lo que ha notado la experta es que estos personajes digitales son recibidos con cada vez más hostilidad. Hay rechazo hacia algunos de sus videos por la manera en que comunican los proyectos gastronómicos, por la forma en que describen la comida y, sobre todo, porque de entrada piden cenas, almuerzos o menús de degustación para ellos, sus amigos o incluso sus familias enteras a cambio de una publicación en redes sociales. Y para los restaurantes la relación puede terminar siendo completamente desproporcionada frente al beneficio que reciben.María Jimena Delgado DíazPeriodista Cultural @Mariajimena_delgadod Sigue toda la información de Cultura en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.







