Durante siglos, pastores, comerciantes, peregrinos, contrabandistas y personas que huían de guerras y persecuciones atravesaron la cordillera por collados y senderos. Algunos forman hoy parte de grandes rutas que todavía pueden recorrerse a pieHoy basta atravesar un túnel para pasar de una vertiente de los Pirineos a la otra en apenas unos minutos. Durante siglos, el viaje fue muy diferente. Había que remontar valles, seguir caminos de herradura, alcanzar elevados collados y aceptar que la nieve podía cerrar durante meses una comunicación esencial.La cordillera era una formidable barrera natural, pero nunca una muralla infranqueable. Por sus montañas circularon rebaños, comerciantes y arrieros, peregrinos camino de Santiago, soldados, contrabandistas y, en los momentos más oscuros de la historia europea, personas que buscaban al otro lado una oportunidad para sobrevivir.Muchos de aquellos itinerarios perdieron importancia con la llegada de carreteras, ferrocarriles y grandes túneles. Otros sobreviven transformados en senderos. Recorrerlos permite contemplar los Pirineos de otra manera: no solo como una frontera, sino como una montaña que durante siglos también comunicó territorios.Camino de SantiagoSomport, una de las grandes puertas de los PirineosRestos del antiguo Hospital de Santa Cristina de Somport, que durante siglos acogió a viajeros y peregrinos del Camino de Santiago.CHV / Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0)A 1.632 metros de altitud, Somport ha sido uno de los grandes pasos naturales del Pirineo occidental. Su importancia aumentó durante la Edad Media con las peregrinaciones a Santiago. Por aquí cruza la cordillera la ruta procedente de Arlés, que después de alcanzar el collado desciende hacia Canfranc y Jaca antes de continuar hacia el oeste.El movimiento de peregrinos dejó puentes, iglesias, hospitales y lugares de acogida. Uno de los más importantes se encontraba prácticamente en lo alto de la montaña: el Hospital de Santa Cristina de Somport, construido a finales del siglo XI para atender a viajeros y peregrinos. De aquel complejo quedan hoy restos arqueológicos, pero el antiguo paso continúa vivo: los peregrinos siguen cruzando Somport a pie mientras los vehículos atraviesan la cordillera por el túnel moderno.CátarosTras las huellas de los bons homesDos chicas recorriendo el Camí dels Bons HomesOtras FuentesMás al este, el Camí dels Bons Homes, actualmente señalizado como GR 107, parte del santuario de Queralt, cerca de Berga, y atraviesa los Pirineos hacia Ariège. La ruta moderna sigue algunas de las posibles vías de migración utilizadas por los cátaros durante los siglos XIII y XIV cuando huían de la cruzada y la Inquisición.No existía una única senda utilizada por todos los fugitivos, sino una red de caminos que comunicaba pueblos, pastos y collados. El actual itinerario atraviesa el Berguedà y la Cerdanya antes de penetrar en territorio francés y permite continuar hacia Montségur y Foix. Siglos después, aquellos caminos forman una gran travesía senderista transpirenaica que puede realizarse a pie, a caballo y, en buena parte, en bicicleta de montaña.CerdanyaPimorent, el corredor natural de la CerdanyaUn hombre en el coll de Pimorent hacia 1929, cuando atravesar este paso pirenaico era todavía muy diferente a hacerlo hoy.Carles Fargas i Bonell / CEC / Wikimedia CommonsHay lugares cuya importancia se entiende simplemente mirando un mapa. El coll de Pimorent, a 1.920 metros, es uno de ellos. El valle del Querol asciende desde la Cerdanya hasta este paso natural que permite franquear la divisoria y descender hacia el Ariège, en dirección a Foix y Toulouse. Históricamente ha sido una de las grandes comunicaciones entre la Cerdanya y Occitania.Pimorent permite observar casi capa por capa la evolución de las comunicaciones pirenaicas. La carretera alcanzó el collado en el siglo XIX; en 1929 se inauguró el ferrocarril transpirenaico, que atraviesa la montaña mediante un túnel de más de cinco kilómetros, y en 1994 el túnel viario permitió a los automóviles evitar también la subida al puerto. Su historia resume una transformación fundamental: durante siglos había que buscar por dónde permitía pasar la montaña; la ingeniería terminó perforándola.Val d'AranBonaigua, cuando la nieve decidía si se podía pasarEl port de la Bonaigua, a 2.072 metros, uno de los pasos históricos entre el Pallars Sobirà y la Val d'Aran.Icmontreal / Wikimedia Commons (CC BY 2.5)El port de la Bonaigua, situado a 2.072 metros, comunica el Pallars Sobirà con la Val d'Aran y fue durante siglos uno de los pasos fundamentales del Pirineo central. Hasta la construcción de la carretera en la década de 1920 solo podía atravesarse por un camino de herradura, utilizado por personas, animales y mercancías.Aquí la nieve tenía la última palabra. Históricamente podía mantener el puerto cerrado durante meses y, hasta la apertura del túnel de Vielha en 1948, la Val d'Aran podía quedar sin comunicación directa por carretera con el resto de Catalunya. Aquel aislamiento explica la importancia que tuvieron estos pasos y el enorme cambio que supuso la llegada de las nuevas infraestructuras. El primer túnel de Vielha abrió finalmente al tráfico en mayo de 1948.Segunda Guerra MundialCuando cruzar los Pirineos significaba escaparUn tramo del Chemin de la Liberté, utilizado durante la Segunda Guerra Mundial para cruzar clandestinamente los Pirineos hacia España.Les Chemins de la Liberté par le Comminges et le Val d'AranLos mismos caminos utilizados durante siglos por pastores, comerciantes y viajeros adquirieron un significado dramáticamente distinto durante la Segunda Guerra Mundial. Tras la ocupación alemana de Francia, judíos perseguidos por el nazismo, militares, miembros de la resistencia y aviadores aliados buscaron pasos clandestinos hacia España. Unas 33.000 personas intentaron atravesar los Pirineos desde Francia durante aquellos años, según el Museo del Chemin de la Liberté de Saint-Girons.Las travesías se realizaban evitando carreteras, poblaciones y puestos fronterizos. Para conseguirlo fue fundamental la ayuda de los passeurs, habitantes de los valles que conocían bosques, barrancos y collados. Una de aquellas rutas se recuerda hoy mediante el Chemin de la Liberté, entre el entorno de Saint-Girons, en Ariège, y el Pallars. En 2001, los ayuntamientos de Saint-Girons y Sort firmaron incluso un acuerdo para preservar conjuntamente la memoria de aquellos evadidos.Hoy estos caminos pueden recorrerse como exigentes travesías senderistas. El paisaje puede ser prácticamente el mismo, pero las circunstancias difícilmente podrían ser más diferentes. Quienes atravesaban clandestinamente estas montañas en los años cuarenta lo hacían perseguidos y sabiendo que ser descubiertos podía significar la detención, la deportación o la muerte.MemoriaCaminos que todavía cuentan historiasUna caravana de arrieros transporta vino a través de un collado de los Pirineos en una ilustración del siglo XIX.Autor desconocido / Wikimedia Commons – Dominio públicoCarreteras, ferrocarriles y túneles cambiaron para siempre nuestra relación con los Pirineos. Viajes que durante generaciones exigieron jornadas enteras pueden resolverse hoy en unos minutos. Sin embargo, muchos de aquellos caminos continúan ahí: unos forman parte del Camino de Santiago, otros se han convertido en GR y algunos apenas sobreviven como senderos entre bosques y pastos.Recorrerlos permite descubrir algo difícil de percibir desde el interior de un automóvil: durante siglos, cada collado era una puerta y cada camino respondía a una necesidad. Por ellos se comerciaba, se conducía ganado, se peregrinaba, se contrabandeaba y, algunas veces, se huía. Caminar hoy por estos pasos significa algo más que recorrer una ruta de montaña: es caminar sobre una parte de la historia de los Pirineos.
Los caminos que durante siglos permitieron atravesar los Pirineos
Pastores, comerciantes, peregrinos, contrabandistas y fugitivos utilizaron durante generaciones los collados de la cordillera, algunos convertidos hoy en grandes rutas senderistas








