0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialBasta con pasear por cualquier barrio de Barcelona para comprobar que nuestro comercio está cambiando. Allí donde durante décadas hubo una mercería, una ferretería, una librería o un negocio familiar, hoy encontramos demasiadas persianas bajadas o establecimientos alejados de las necesidades cotidianas de los vecinos.Cada cierre supone mucho más que la desaparición de un negocio: se pierde empleo, trato personal, seguridad, vida en las calles y parte de la identidad del barrio.El comercio necesita seguridad, limpieza, menos impuestos y obras bien planificadasSe suele atribuir este fenómeno al aumento de los alquileres o a la falta de relevo generacional. Son problemas reales, pero el principal desafío del comercio de proximidad es la falta de rentabilidad. Si abrir cada mañana deja de compensar, ningún negocio puede sobrevivir indefinidamente.Los comerciantes soportan alquileres elevados, impuestos, tasas, costes laborales y energéticos, burocracia y restricciones municipales. A ello se suman el comercio electrónico y los cambios en los hábitos de consumo.También hay decisiones municipales que perjudican al comercio. Las obras que se eternizan pueden convertir la actividad diaria de un establecimiento en una carrera de obstáculos. Lo saben los comerciantes de Vila i Vilà, donde las obras del colector se prolongan desde hace más de dos años, o negocios de la calle Urgell afectados por intervenciones urbanas. Vallas, ruido, polvo y dificultades de acceso provocan una pérdida de clientes que muchos no pueden soportar.Persianas cerradas ien un comercio de Ciutat Vella Xavier Cervera / ArchivoLas obras son necesarias, pero deben hacerse pensando también en quienes viven de esas calles. Hay que reducir plazos, garantizar el acceso y la carga y descarga e informar con antelación. Y cuando una obra se prolonga y provoca pérdidas, el Ayuntamiento debe establecer ayudas y compensaciones.La delincuencia también está dañando al comercio. Robos y hurtos reiterados y la inseguridad generan pérdidas, elevan el coste de los seguros y ahuyentan clientes. Hay comerciantes que sufren varios robos mientras ven cómo los delincuentes son detenidos y vuelven rápidamente a la calle.Lee tambiénCuando alguien deja de comprar en una zona porque no se siente seguro, el comercio lo nota en caja. Y cuando una persiana baja, la calle queda más vacía y resulta más insegura. El Ayuntamiento debe romper ese círculo con más presencia policial, prevención y firmeza frente a la multirreincidencia.Barcelona debe dejar de tratar a sus comerciantes como una fuente de recaudación. Quien levanta la persiana cada día genera empleo, presta un servicio al barrio y mantiene vivas nuestras calles. El Ayuntamiento debe facilitar el trabajo, no añadir obstáculos.Hace falta un plan municipal para recuperar el comercio de proximidad. También debemos ayudar a los negocios a modernizarse, vender por internet o afrontar un relevo generacional.Una Barcelona sin comercio de barrio es una ciudad más impersonal, insegura y menos cómoda para vivir. Una persiana abierta aporta luz, actividad y relaciones humanas.Barcelona no puede resignarse a bajar la persiana. El comercio no necesita homenajes cuando ya ha cerrado. Necesita seguridad, limpieza, menos impuestos y burocracia, obras bien planificadas y un Ayuntamiento a su lado mientras mantiene la persiana levantada.
Barcelona no puede resignarse a bajar la persiana, por Daniel Sirera
Basta con pasear por cualquier barrio de Barcelona para comprobar que nuestro comercio está cambiando. Allí donde durante décadas hubo una mercería, una ferretería, una librería o un negocio familiar, hoy encontramos demasiadas persianas bajadas o establecimientos alejados de...






