Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Solo le faltó patear esas bolsas blancas con cadáveres de guerrilleros, entre los que había tres de menores de edad. El señor presidente, cual gran Burundún- Burundá, su Excelencia, se paseaba con blusa color verde militar entre los sacos mortuorios, con pavoneo y gestos de gallito fino. Una especie de vulgar teatralidad. En un saco estaba alias Tigre. Afuera, contoneándose, con ínfulas de generalote, estaba alias Tigre, presidente de Colombia.

Viendo las imágenes de propaganda con cadáveres, recordé un cuento del guatemalteco Miguel Ángel Asturias, Nobel de Literatura: “Cadáveres para la publicidad”. “Su gobierno, Coronel, anúncielo con cadáveres… ¡Corpses!… ¡Corpses!… Mejor en inglés que en español, entre ametralladoras y silencio, como picotazo o graznido de ave negra, funeral, que se alimenta de carne de muerto”.