Cantabria tiene una cocina muy suya, de esas que no necesitan disfrazarse para convencer. En pocos kilómetros junta puertos pesqueros, valles ganaderos, huertas familiares, quesos potentes, guisos de cuchara y una repostería con mantequilla de verdad. El resultado es una gastronomía directa, sabrosa y muy pegada al producto: lo que viene del Cantábrico, lo que se cría en los pastos y lo que se ha cocinado durante generaciones en casas, mesones y obradores.

En la parte marinera mandan las anchoas de Santoña, los bocartes, las rabas, los maganos, la marmita de bonito y los pescados de lonja. En el interior, el cuerpo lo ponen el cocido montañés, el cocido lebaniego, las alubias rojas, la carne de Cantabria, la olla ferroviaria y los quesos de Liébana. Y cuando llega el dulce, poca broma: sobaos pasiegos, quesada, corbatas, polkas, pantortillas y sacristanes forman uno de los repertorios reposteros más reconocibles del norte.

Este especial reúne algunas de las recetas más representativas de la cocina cántabra, separadas entre saladas y dulces, para tener una buena panorámica de la tierruca sin quedarse solo en los dos o tres nombres de siempre. Porque sí, el sobao y el cocido montañés son imprescindibles, pero Cantabria tiene bastante más miga: guisos marineros, platos de legumbre, entrantes de taberna, pescados sencillos, salsas con queso azul y hojaldres que piden café al lado.