Hay filmograf�as a las que las define una sola mirada. Pongamos, por ejemplo, V�ctor Erice, el director cuyo cine, en definici�n de �ngel Fern�ndez-Santos, era capaz de "mirar detr�s de los ojos". En El esp�ritu de la colmena, la ni�a Ana Torrent, vestida con su personaje de Ana, mira la pantalla en la que se proyecta Frankenstein y abre los ojos. Lo correcto ser�a decir que los abre a�n m�s; los abre hasta que la pupila se pierde en una aut�ntico oc�ano de curiosidad que tambi�n es sorpresa; los abre hasta lograr que la mirada del espectador naufrague en ellos; los abre y la realidad se ahoga literalmente en la ficci�n que le da sentido; los abre y las dos anas, el personaje y la ni�a, se miran de frente con entusiasmo, pero con recelo tambi�n; los abre y el cine, todo �l, destruye cartograf�as, inventa continentes y descubre su m�s �ntimo silencio, que tambi�n es su verdad. Fue una mirada que justific� un universo y, ya puestos, una filmograf�a entera.Hace tiempo que el japon�s Hirokazu Koreeda vive empe�ado, lo sepa �l o no, en repetir ese mismo instante de Erice en el que el cine se mira a s� mismo detr�s de los ojos. Quiz� por eso la proclividad del director japon�s a, de tanto en tanto, adaptar mangas, es decir, esas historias dibujadas con los ojos de sus personajes abiertos de par en par. Lo hizo en Air Doll (2009), en Nuestra hermana peque�a (2015) y hasta en la serie para televisi�n Makanai: La cocinera de las maiko (2023). Ahora en Look Back, reci�n presentada en Venecia, lo vuelve a hacer. La diferencia es que el material del que parte es, nada m�s y nada menos, que Look Back, de Tatsuki Fujimoto, es decir, del creador de la celeb�rrima serie Chainsaw Man. Si no les suena, tampoco importa tanto. Somos muchos los que estamos fuera de este mundo. Es decir, la presi�n y el riesgo es mayor por la sencilla raz�n de que esta historia, que ya tuvo una bell�sima versi�n animada en 2024, ya forma parte de las retinas de muchos m�s de lo que alguien (da lo mismo qui�n) podr�a imaginar un lunes de septiembre cualquiera a media tarde.Look Back insiste en ese territorio en el que se ha hecho fuerte su director desde Nadie sabe (2004) a Kakeru (presentada en el Festival de Cannes pasado) pasando por Still Walking (2008), Milagro (2011), De tal padre, tal hijo (2013) o Monstruo (2023). Se trata de un espacio poblado de retinas infantiles que se miran y nos miran, siempre a la b�squeda de ese extra�o lugar m�s all� de la propia mirada donde la conciencia se contempla a s� misma. Es decir, donde se mira detr�s de los ojos. Se cuenta la historia de dos amigas unidas por la pasi�n com�n por el dibujo, por, en efecto, el manga. Una es toda �mpetu, inventiva y talento puro y expansivo. La otra, que se encarga de los fondos de los dibujos, que no de los personajes, deposita todo su esfuerzo e inabarcable imaginaci�n en algo tan tenue y ensordecer como el propio silencio. La obra original era, as�, un manga sobre el manga, y ahora, en consecuencia, se trata de una cinta sobre el manga que dibuja manga. De otro modo, si se hace un escalado de ojos muy, pero que muy abiertos, el resultado se acerca al infinito. A eso o al desprendimiento de retina, seg�n se mire.Look Back, en su sencillez tan cerca de lo primario (que no ingenuo) resulta sencillamente arrolladora. Koreeda tiene claro cu�l es su mayor preocupaci�n y �sta no es otra que emoci�n pura libre de mensajes, moralejas y hasta narrativas. Lo que cuenta es la sucesi�n ininterrumpida de miradas detenidas en el papel en blanco todo �l lleno de, otra vez, miradas. El drama, que lo hay, estalla en un momento dado, pero lo hace casi por equivocaci�n. En verdad, la dramaturgia, el desarrollo o la trama (como se quiera) no importa tanto como el retrato de una amistad fuera del tiempo y el espacio. O, mejor, detenida en cada uno de los instantes eternos de la p�gina de un manga.Bien es cierto que esa b�squeda tan esencial por el gesto sin mancha, por el sentimiento libre de ataduras, no siempre juega a favor. Se podr�a decir incluso que es virtud y penitencia a la vez. El desarrollo hacia la tragedia del relato se entiende mal o casi nada. Digamos que la delicadeza del esp�ritu o la propuesta se ve interrumpida por la urgencia con la que pel�cula, llegados a un momento dado, busca y desea impresionar. Y eso es malo. Entusiasma eso s� el fin�simo trabajo de sonido en un cineasta esencialmente honesto y al�rgico a trucos siempre volcado en mostrar m�s que ocultar. El ruido del l�piz y las plumas sobre el papel se va complicando poco a poco a medida que avanza la pel�cula hasta transformarse en la aut�ntica m�sica de (atentos) la emoci�n. De repente, es la sinfon�a rallada (que no callada) del grafito y la tinta la que delimita el tama�o exacto de la mirada, una mirada que se mira, unos ojos que pelean por mirar detr�s de los ojos mismos. Tal cual.As� las cosas, el resultado es una pel�cula que nos devuelve al Koreeda que hab�amos perdido en la citada Kakeru; al Koreeda que regresa a esa corriente subterr�nea que lo atraviesa desde Nadie sabe. Pero un Koreeda que, en su virtuosismo koreediano (dig�moslo as�), se antoja a algo de distancia de su mejor y m�s pura versi�n lejos de efectismo alguno.Adriano Giannini, Romana Maggiora Vergano, Paolo Strippoli, Valeria Bruni Tedeschi y Jasmine Trinca en la presentaci�n de L'estranea.EFEL'estranea: El terror en su versi�n alborotada (**)Por lo dem�s, la secci�n oficial se complet� con la segunda pel�cula italiana a competici�n tras el regreso a Venecia m�s de tres d�cadas despu�s de Nanni Moretti. Y, sin exagerar, tampoco. Esta vez, casi en el polo opuesto, se trata de cine de g�nero a cargo de un autor, Paolo Strippoli, con pel�culas en su haber tan interesantes como La semilla del mal. L'estranea (La espiral) es un ambicioso cuento f�ustico con la nada disimulada y ambiciosa aspiraci�n de ser algo m�s. Mucho m�s. Tambi�n quiere ser una reflexi�n sangrienta y muy cruel sobre la profundidad de los lazos familiares, sin renunciar a un tema tan italiano (y universal tambi�n) como el amor de madre. �Hasta d�nde ser�a capaz de renunciar una matriarca del sur por sus v�stagos? Respuesta: todo es poco.La pel�cula cuenta el encuentro de una mujer (Jasmine Trinca) con el mism�simo Mefist�feles encarnado/a por Valeria Bruni Tedeschi. Por cada desgracia familiar con la que tropieza la primera, la segunda le ofrece la posibilidad de un trueque de infortunios. O, mejor, de v�ctima por v�ctima. Solo un problema: nunca es la madre la que se puede ofrecer en sacrificio que, sobre el papel, es la m�s evidente y mediterr�nea de las salidas. Como es previsible, la espiral del t�tulo es la expresi�n gr�fica de un hundimiento al fondo de todos los abismos.El argumento resulta --as� , le�do sin m�s-- tan cl�sico como sugerente. El problema viene luego cuando la trama cobra cuerpo e imagen en una pel�cula esencialmente alborotada, muy ruidosa y bastante confusa. En su empe�o de no ser confundida con una pel�cula de g�nero (aunque no pueda ser nada distinto), L'estranea cambia de registro con pr�cticamente cada plano. Primero es fantas�a, luego drama, dos pasos m�s all� comedia y, cuando ya no queda m�s remedio, f�bula moral. Digamos que la ambici�n, que en principio es siempre digna y respetable, acaba por com�rselo todo, dejando al espectador, como poco, desorientado. E intrigado. Y algo mareado. Son muchos los estados de �nimo para una sola pel�cula. Es as�.