Espa�a cerr� 2024 con 1,1 hijos por mujer seg�n el Instituto Nacional de Estad�stica (INE), la fecundidad m�s baja de Europa y una de las m�s bajas del mundo, y lleva dos d�cadas ensayando pol�ticas natalistas de resultados ambiguos sobre el n�mero de nacimientos. Entre ellas se cuentan desde el cheque beb� hasta las sucesivas ampliaciones de los permisos, pasando por un n�mero elevado de ayudas auton�micas y locales. Mientras tanto, una decisi�n organizativa que no suele concebirse como pol�tica familiar avanzaba colegio a colegio en direcci�n contraria. Se trata de la jornada escolar continua, una pol�tica educativa que comprime las clases entre las 9.00 y las 14.00 y que no naci� de ning�n dise�o pedag�gico, sino de una batalla sindical en los colegios p�blicos de Canarias a finales de los a�os 80, desde donde se ha ido extendiendo por casi todo el pa�s a costa de la jornada partida, la que manten�a a los alumnos en el centro hasta las 16.00 o las 16.30 con la comida por medio.Su expansi�n ha sido tan silenciosa como desigual. Canarias en 1990 y Extremadura en 2001 la impusieron por ley en todos sus colegios p�blicos, mientras que el resto de las comunidades fue dejando la decisi�n en manos de las votaciones de cada consejo escolar, un proceso gradual que la ha convertido en el modelo mayoritario en casi todo el pa�s, hasta el punto de que, seg�n los microdatos de la Encuesta de Condiciones de Vida (ECV), m�s del 70% del alumnado de 3 a 12 a�os tiene hoy una jornada escolar de 30 horas semanales o menos. La pandemia no hizo sino acelerar el proceso, elevando la implantaci�n del 51% al 71% de los centros de acuerdo con una encuesta realizada por EsadeEcPol, de modo que solo Catalu�a y Pa�s Vasco mantienen hoy la jornada partida como norma general.Pese a su importancia, se trata de una de las pol�ticas educativas de las que se tiene menos evidencia, tanto por el lado del efecto en las familias como en los alumnos. El efecto sobre las familias puede no ser menor, ya que pasar de la jornada partida a la continua equivale a retirar entre dos y tres horas diarias de cuidado infantil p�blico y gratuito justo en la franja horaria en la que la mayor�a de los padres sigue trabajando. Un nuevo estudio publicado por �lvaro Mu��z-Fern�ndez en el Journal of Policy Analysis and Management, trata por ello la jornada escolar como lo que es en la pr�ctica, una subvenci�n impl�cita al cuidado de los hijos, y ofrece la primera estimaci�n de su efecto sobre la natalidad en las regiones que vivieron una mayor expansi�n de la jornada continua en la �ltima d�cada.La clave del estudio est� en que la expansi�n de la jornada continua constituye un experimento cuasi-natural, puesto que las comunidades aut�nomas la adoptaron en momentos distintos y con intensidades distintas, lo que permite construir un escenario contrafactual, es decir, dibujar qu� habr�a sucedido con la fecundidad de las provincias afectadas en un mundo sin cambio de jornada, y realizar la comparativa contra ese escenario. Para ello, el autor emplea datos provinciales del INE entre 1981 y 2016 y el m�todo de diferencias en diferencias, un m�todo de referencia en la evaluaci�n de pol�ticas p�blicas.Los resultados son contundentes. En el conjunto de provincias que implementaron la jornada continua, el efecto fue de una reducci�n de la fecundidad en 0,12 hijos por mujer, un 9% respecto al nivel previo a la reforma, y retras� la llegada del primer hijo en torno a cuatro meses, un efecto que adem�s no se agota en el corto plazo, sino que se va acumulando con el tiempo. La intensidad tambi�n importa, porque all� donde la reforma fue obligatoria y lleg� a todos los centros a la vez, en Extremadura, la ca�da alcanza los 0,38 hijos por mujer y el retraso de la maternidad roza los siete meses, frente a efectos m�s moderados en las regiones donde la adopci�n fue voluntaria y gradual y, por tanto, no todas las familias quedaron expuestas al nuevo horario.El detalle m�s revelador est� en qu� hijos se dejaron de tener. El efecto de la jornada continua fue menor sobre los primeros nacimientos, donde su impacto no llega a ser estad�sticamente significativo, pero s� recort� de forma creciente los segundos, terceros y cuartos hijos, exactamente el mismo patr�n que muestra la ca�da de la natalidad espa�ola de las �ltimas d�cadas, en la que los primeros hijos resisten mientras los segundos y terceros no dejan de caer.�Por qu� el horario escolar afecta a una decisi�n tan importante como tener un segundo o tercer hijo? La respuesta est� en qui�n pudo esquivar el cambio y qui�n no. En las regiones donde la jornada se votaba colegio a colegio, la matr�cula en la escuela p�blica cay� 4,6 puntos tras la reforma, se�al de que una parte de las familias, precisamente las de m�s recursos, escap� hacia centros privados y concertados que manten�an la jornada partida o los servicios de tarde, mientras que en Extremadura, donde la escuela privada apenas era una alternativa asequible en dos de las provincias m�s pobres del pa�s, nadie pudo esquivar el nuevo horario y el efecto fue m�ximo. A ello se suma que el retraso de la maternidad se concentra en las provincias donde menos mujeres trabajaban, con casi ocho meses de retraso frente a poco m�s de dos en las de mayor participaci�n laboral femenina, lo que se�ala que el problema de fondo es la dificultad de compatibilizar el empleo con la crianza.Ese coste lo hab�a documentado ya para Espa�a un estudio de EsadeEcPol con los microdatos de la Encuesta de Condiciones de vida (ECV) del INE. En el 91% de los hogares, los que no hacen uso de servicios de cuidados, tener a los hijos en jornada continua se asocia con una p�rdida de 1.850 euros brutos anuales para las madres frente a 970 para los padres, una penalizaci�n que escala hasta los 3.550 euros entre las madres con estudios superiores y que, agregada para el conjunto del pa�s, sus autores cifran en 8.048 millones de euros al a�o, con un 66,4% del coste soportado por las madres. Criar a los hijos en un mundo con jornada continua se volvi� m�s caro en tiempo y en dinero, y las familias respondieron en consecuencia.Espa�a ha desmontado, con una sorprendente falta de debate p�blico al respecto, una de sus herramientas profamiliares m�s potentes, todo ello mientras multiplicaba ayudas econ�micas a la natalidad de resultados dudosos o directamente nulos. Y nada de esto ha entrado todav�a en el debate educativo sobre la jornada escolar, que sigue extendi�ndose cada primavera mediante votaciones en las que el profesorado, su principal beneficiario laboral, defiende que el modelo es mejor para el alumnado, un argumento que la evidencia disponible simplemente no respalda.La implicaci�n de pol�tica p�blica es inc�moda pero clara, la educaci�n a tiempo completo no es solo una cuesti�n de conciliaci�n o de rendimiento acad�mico, es tambi�n pol�tica demogr�fica y laboral, cuyo coste presupuestario podr�a verse en buena medida compensado por la mejora de los ingresos laborales de los progenitores, generando una situaci�n positiva y justa tanto para familias como para docentes. Sin embargo, mientras el debate siga anclado en evidencias inexistentes sobre su efecto acad�mico y no se quiera admitir que supone un coste directo para las familias, resulta dif�cil concebir una recuperaci�n de la educaci�n a tiempo completo en los colegios espa�oles.
La jornada escolar continua retrasa la maternidad y reduce en un 9% los hijos por mujer
Espa�a cerr� 2024 con 1,1 hijos por mujer seg�n el Instituto Nacional de Estad�stica (INE), la fecundidad m�s baja de Europa y una de las m�s bajas del mundo, y lleva dos...









