Las ayudas económicas a la maternidad contribuyen a la natalidad en España, pero de forma "limitada" y únicamente a corto plazo. Lo que realmente funciona para elevar el número de hijos por mujer a largo plazo, según una investigación de la Fundación "La Caixa", son "factores estructurales", como la estabilidad laboral, la conciliación o la reducción de los costes profesionales asociados a la maternidad. El informe publicado este martes recuerda que España vive un contexto de baja natalidad, con una media de 1,1 hijos por mujer, "por debajo del nivel de reemplazo generacional". El estudio impulsado por el Observatorio Social de la Fundación examina, así, qué políticas son más eficaces para aumentar el número de nacimientos y cuáles apenas contribuyen a ese objetivo. Un asunto que, tal y como recuerda "La Caixa", es motivo de preocupación de los gobiernos por las consecuencias económicas derivadas de este fenómeno, como podrían ser el envejecimiento de la población, escasez de mano de obra o la sostenibilidad misma del estado de bienestar. Ante esta situación se han ido impulsando varias medidas, y la investigación se ha encargado precisamente de analizar cómo influyen las ayudas económicas directas, las políticas de conciliación y las dinámicas del mercado laboral en la decisión de tener hijos de las mujeres españolas. La conclusión, para los investigadores, es "clara": "los incentivos económicos por nacimiento generan aumentos inmediatos de la natalidad, pero su efecto es limitado y no se sostiene en el tiempo" .Así, en el estudio titulado ¿Los incentivos financieros impulsan la natalidad a largo plazo?, elaborado por dos investigadores de la Goethe Universität Frankfurt y liderado por la Universitat de Barcelona, se analiza los efectos del "cheque bebé" de 2.500 euros desplegado en España en 2007, cuando esa cuantía equivalía al doble de la media del salario bruto mensual de las mujeres. El resultado demostró que la medida tuvo un impacto en el corto plazo —los nacimientos aumentaron un 6% en los nueve meses posteriores a su implementación—, pero, sin embargo, al simular la participación laboral y decisiones de fecundidad a lo largo del ciclo vital, su impacto sobre la natalidad total es "significativamente menor" y apenas alcanza el 3%.Para los investigadores, esa diferencia evidencia que los incentivos financieros directos, es decir, las ayudas económicas, tienden a "adelantar nacimientos" más que a provocar un aumento sostenido en el número de hijos que tienen las mujeres en el país. Subrayan, en esa línea, que "las dinámicas demográficas dependen de decisiones acumuladas a lo largo de la vida, no solo de respuestas inmediatas a estímulos puntuales".Penalización por ser madreEl estudio habla igualmente de una "brecha" entre la natalidad "real" y la "deseada". En otras palabras: las mujeres en España dicen que les gustaría tener más hijos de los que tienen en la actualidad, pero que se lo impiden factores como las dificultades de conciliación y los costes laborales asociados a la maternidad. Los datos lo ratifican: diez años después del primer hijo, las mujeres tienen unos ingresos un 33,4% inferiores a la media y un 37,5% más de probabilidades de trabajar a tiempo parcial.En esa línea va la segunda investigación, también compartida este martes. Bajo el título ¿Contribuyen las políticas de conciliación en España? El papel de las empresas, el estudio analiza las medidas de conciliación existentes y cómo impactan en la toma de decisiones de contratación de las empresas. Así, los autores identifican un "trade-off" (un beneficio a costa de una pérdida) entre fecundidad e ingresos. Según el informe, las políticas de conciliación que dan una mayor estabilidad pueden contribuir a un aumento de la natalidad, pero también pueden generar "efectos contraproducentes" si las propias compañías prevén mayores costes laborales en el futuro, lo que desincentiva tanto la contratación como la conversión de los contratos temporales a indefinidos. "Medidas como permisos de maternidad más largos, mayores prestaciones o una menor rotación laboral tienden a elevar la natalidad, aunque a menudo reducen la participación laboral femenina y los ingresos acumulados a lo largo del ciclo vital", subrayan. Asimismo, el análisis defiende cierta "flexibilidad laboral", pues señala que las mujeres están "infrarrepresentadas" en aquellos sectores con jornadas laborales y que, a su vez, aquellos empleos menos flexibles son los que experimentan una subida salarial mucho más lenta, sobre todo después de tener hijo. La investigación trae a colación la reforma de 1999 que introdujo el derecho a la reducción de jornada, y la cual, aunque aumentó el uso de esta medida entre madres con contrato indefinido, también provocó una "reacción empresarial adversa", al disminuir la conversión de contratos femeninos temporales en indefinidos ante la expectativa de que iban a suponer unos mayores costes laborales asociados a la maternidad. La conclusión, en definitiva, es que "impulsar la natalidad no depende únicamente de transferencias monetarias", sino de "crear un entorno en el que tener hijos sea compatible con el desarrollo de una carrera profesional sostenible" a lo largo de la vida. Es decir: no todas las políticas familiares generan los mismos efectos y muchas generan costes a largo plazo. Para los investigadores, por esta razón las políticas deben diseñarse teniendo en cuenta ambas decisiones: las de las mujeres (de tal modo que no sacrifiquen su maternidad) y las de las empresas (para que no penalicen al empleo femenino). "Solo así será posible reducir los costes profesionales de la maternidad, mejorar la conciliación y reforzar la estabilidad laboral, factores clave para cerrar la brecha entre hijos deseados y reales", zanja el Observatorio.