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El portal financiero Bloomberg describió la visión de la administración de De la Espriella sobre las cuentas fiscales de la siguiente manera: “El panorama pintado por el nuevo gobierno de Colombia sobre las finanzas públicas del país cayó como un plomo en Wall Street, desencadenando una de las peores ventas masivas del año en los activos de la nación”. Fue así como Miguel Gómez, el bisoño ministro de Hacienda inició su labor pegándose un tiro en el pie y apuntando otro a la cabeza de la economía.

El nuevo Gobierno propuso un presupuesto de COP 635 billones, lo que significa un aumento de COP 60 billones frente al proyecto devuelto tras ser radicado por el gobierno anterior. El nuevo presupuesto se acerca al 30 % del PIB, un nuevo récord histórico de gasto para un Gobierno que tenía como proyecto fundamental reducir el tamaño del Estado.