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La principal crítica al populismo de izquierda latinoamericano era que expandía excesivamente el gasto y la deuda públicas. Ese señalamiento envejeció mal porque hoy el populismo de derecha no se diferencia mucho.
Dos ejemplos claros son los de Donald Trump y Viktor Orbán, ex primer ministro de Hungría. En su primer gobierno, Trump disparó el déficit fiscal desde antes de la pandemia por los enormes recortes de impuestos a las empresas y personas de mayores ingresos. En el segundo, repitió la fórmula llevando la deuda a 40 trillones de dólares e incumpliendo la promesa de reducción de la burocracia que pomposamente intentó Elon Musk; algunos informes dicen que los recortes llegaron solo al 20 %. Orbán no redujo el déficit ni la deuda, en parte porque repartía beneficios sociales a manos llenas antes de elecciones y se negaba a reducir los subsidios a hipotecas y pensiones.






