Noticia Exclusivo suscriptores El proyecto promete transformar la industria venezolana, pero todavía hay incertidumbre sobre quién asumirá los riesgos y qué efecto tendrá.DELCY Y TRUMP COLLAGE Foto: EFE / AFP / Ilustración elaborada por el EL TIEMPOCORRESPONSAL DE EL TIEMPO EN CARACAS05.09.2026 21:14 Actualizado: 05.09.2026 21:14 05.09.2026 21:14 Actualizado: 05.09.2026 21:14

A medida que se conocen y empiezan a analizarse con mayor detalle las condiciones del acuerdo petrolero entre Estados Unidos y Venezuela, presentado por el presidente Donald Trump como “el mayor acuerdo petrolero de la historia”, el anuncio empieza a abrir más preguntas. Detrás de la promesa de fortalecer la seguridad energética de Estados Unidos, reducir el precio de la gasolina y reconstruir sus reservas estratégicas, hay interrogantes sobre cuánto petróleo podrá llegar realmente al mercado, cuánto riesgo financiero terminará asumiendo Washington y, sobre todo, qué consecuencias puede tener para el futuro político de Venezuela. LEA TAMBIÉN La hoja informativa revelada esta semana permitió conocer, por primera vez, buena parte de la arquitectura del acuerdo. North American Blue Energy Partners (Nabep) recibirá concesiones sobre 17 campos venezolanos, con unos 65.000 millones de barriles de reservas probadas. El gobierno estadounidense tendrá una participación del 35 por ciento en la empresa, derecho a comprar al costo al menos el 20 por ciento de su producción y primera opción sobre el 80 por ciento restante. Washington también tendrá poder de veto sobre los integrantes de la junta directiva y la mayoría de sus miembros deberán ser ciudadanos estadounidenses. En el esquema, además, será crucial Alejandro Betancour, un empresario venezolano que ha sido objeto de investigaciones en España y Suiza, que lleva años vinculado al sector energético y es conocido por haber sido uno de los principales accionistas de Derwick Associates, compañía que obtuvo millonarios contratos para la construcción de plantas termoeléctricas en Venezuela (que, según Transparencia Venezuela, tuvieron sobrecostos por 2.900 millones de dólares y jamás funcionaron como estaban previstas) durante el gobierno de Hugo Chávez. Pero, más allá de las controversias que rodean a algunos de los actores del acuerdo, su dimensión económica plantea interrogantes inmediatos sobre cómo puede afectar el futuro político de Venezuela. Alejandro Betancourt, empresario venezolano. Foto:Alejandro Betancourt web¿Qué gana Venezuela y qué significa el acuerdo para su transición democrática?El país posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo (303.000 millones de barriles), pero produce apenas una fracción de lo que producía décadas atrás debido a años de falta de inversión, deterioro de la infraestructura, mala gestión y sanciones. El gobierno de Delcy Rodríguez calcula que el nuevo esquema podría atraer hasta US$100.000 millones en inversiones y generar alrededor de US$200.000 millones en regalías e impuestos durante sus primeros 25 años. La llegada de capital y tecnología estadounidenses podría reconstruir la infraestructura, crear empleos y aumentar considerablemente las exportaciones. El convenio responde también a un pragmatismo económico acelerado por las urgencias de ambas partes. Pero precisamente allí aparece una de las mayores dudas y contradicciones políticas del acuerdo. LEA TAMBIÉN La Casa Blanca presenta la recuperación económica como parte de una estrategia de tres etapas que incluye la estabilización, la reconstrucción y, finalmente, la transición democrática. Sin embargo, el miércoles, durante la visita del secretario de Energía de EE. UU., Chris Wright, la gran ausente fue la agenda democrática: ni Washington ni Caracas hicieron mención a cronogramas electorales, liberación de presos políticos o garantías para la restitución plena de la institucionalidad. “En Venezuela hay una constitución y un sistema electoral. (...) He trabajado sin descanso para que Venezuela esté lista y preparada para ir a su proceso electoral que lo habrá, no tengan duda de que lo habrá”, dijo Rodríguez al ser consultada sobre ese asunto. El problema es que, desde la captura de Nicolás Maduro en enero, Washington optó por mantener a Rodríguez como figura central del gobierno interino en lugar de entregar inmediatamente el poder a la oposición. Siete meses después, Rodríguez no solo continúa gobernando, sino que se ha convertido en la contraparte de Washington en un proyecto petrolero que podría extenderse durante décadas. Delcy Rodríguez (derecha), y el secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright (izquierda). Foto:AFPEso crea un dilema evidente: cuanto mayor sea la inversión estadounidense en Venezuela y más dependa el éxito del proyecto de la estabilidad política y de los acuerdos alcanzados con Rodríguez, mayores pueden ser también los incentivos de Washington para preservar esa estabilidad. Críticos del acuerdo sostienen, por ello, que el pacto podría terminar fortaleciendo políticamente a Rodríguez y reduciendo la urgencia de una transición.Para la organización Laboratorio de Paz, “cualquier inversión de largo plazo necesita seguridad jurídica, y no puede haber seguridad jurídica plena sin autoridades legítimas e instituciones confiables”. La organización advierte además que el desafío no es solo atraer inversiones, sino garantizar que puedan “contribuir sosteniblemente al bienestar de la población”. LEA TAMBIÉN Frente a estas críticas, Washington sostiene que no puede construirse una democracia sobre una nación económicamente destruida y que la entrada masiva de capitales puede generar las condiciones para un cambio a largo plazo. Para María Corina Machado, quien continúa en el exilio, Venezuela “necesita mucho más que dinero”. En un video publicado en X, dijo que “el sector petrolero es solo una parte de la inmensa reconstrucción” y que “los enemigos de los Estados Unidos en Venezuela están hoy en Miraflores”. María Corina Machado y Marco Rubio. Foto:@MariaCorinaYA¿Puede durar un acuerdo de esta magnitud? Quizá ninguna pregunta es más importante para los inversionistas. La Casa Blanca afirma que NABEP recibió concesiones por un plazo de 100 años. Rodríguez, sin embargo, ha presentado públicamente el proyecto como un acuerdo de 25 años. La diferencia no es menor: una empresa que debe invertir miles de millones de dólares en pozos, oleoductos, instalaciones eléctricas y otra infraestructura necesita certeza sobre cuánto tiempo podrá explotar y recuperar esas inversiones. Ahí aparece uno de los principales desafíos: la estabilidad jurídica. Venezuela tiene una larga historia de nacionalizaciones y disputas contractuales con empresas internacionales, mientras que el acuerdo actual ha generado dudas entre abogados y especialistas sobre la legalidad del procedimiento utilizado, incluida la ausencia de una licitación competitiva y el grado de supervisión desde el Legislativo. LEA TAMBIÉN Es cierto que algunas compañías están dando señales de confianza. Esta semana, GeoPark firmó un nuevo contrato para operar en Venezuela, mientras Chevron amplió su participación en proyectos existentes, pero otras empresas siguen resistiéndose a entrar, precisamente por las dudas sobre las reglas del juego y su permanencia en el tiempo. El riesgo, además, no es únicamente jurídico. Una eventual administración venezolana elegida en las urnas podría intentar revisar los contratos firmados durante este período. En Estados Unidos también persisten interrogantes sobre qué partes del acuerdo requieren autorización del Congreso. Las tensiones de esta semana añaden otra señal de incertidumbre. Rodríguez denunció sabotajes al sistema eléctrico como respuesta a los nuevos acuerdos petroleros y desde el propio chavismo parece haber reparos con dejar en manos de EE. UU. crudo venezolano. El episodio evidencia el entorno político, social, de seguridad física e institucional en el que deberán operar las empresas. Chevron amplió su participación en proyectos existentes, pero otras empresas siguen resistiéndose. Foto:AFPTodo ello ayuda a explicar por qué el verdadero examen del acuerdo probablemente no será el anuncio político, sino la capacidad de NABEP para convencer a grandes inversionistas y compañías petroleras de que se comprometan con decenas de miles de millones de dólares durante los próximos años. ¿Realmente bajará el precio de la gasolina? Trump aseguró, al anunciar el acuerdo, que este contribuiría a reducir sustancialmente el precio de la gasolina. Pero este es probablemente uno de los beneficios más difíciles de garantizar, especialmente a corto plazo. El problema fundamental es que una reserva petrolera no equivale a petróleo disponible de inmediato en el mercado. LEA TAMBIÉN Aunque los 17 campos contienen aproximadamente 65.000 millones de barriles, buena parte del crudo venezolano es pesado y difícil de extraer, la infraestructura del país lleva años deteriorándose y se necesitarían inversiones gigantescas para elevar significativamente la producción. NABEP produce actualmente unos 200.000 barriles diarios y calcula que necesitará cerca de US$100.000 millones para ampliar sus operaciones. Su meta es superar el millón de barriles diarios y el gobierno de Rodríguez habla de alcanzar 1,5 millones. Pero incluso 1,5 millones de barriles representarían una fracción relativamente pequeña de un mercado mundial que produce más de 100 millones de barriles diarios. Analistas del sector sostienen, además, que podrían transcurrir años antes de que Venezuela produzca suficiente petróleo adicional para tener un impacto significativo en los precios internacionales y, por esa vía, en lo que pagan los estadounidenses en las estaciones de gasolina. Delcy Rodríguez y directivos de la petrolera Foto:Prensa PresidencialDe hecho, la reacción inicial del mercado fue prácticamente nula. Los precios del petróleo no cayeron tras el anuncio.El acuerdo podría aumentar la oferta mundial y ejercer presión a la baja sobre los precios a largo plazo si las inversiones se materializan. Pero, por ahora, no existe una relación directa entre los 65.000 millones de barriles anunciados y una reducción inmediata del precio de la gasolina.¿Estados Unidos realmente aumentó sus reservas petroleras? Aquí también existe una diferencia importante entre la forma en que la Casa Blanca presenta el acuerdo y lo que, jurídicamente, parece haber ocurrido. LEA TAMBIÉN La administración sostiene que Trump obtuvo “control” sobre más de 65.000 millones de barriles, una cantidad que incluso supera los aproximadamente 46.000 millones de barriles que, según la Casa Blanca, constituyen las reservas probadas en territorio estadounidense. Eso no significa, sin embargo, que esos 65.000 millones hayan pasado a formar parte de las reservas territoriales de EE. UU. El petróleo sigue en Venezuela y, según insiste el gobierno de Rodríguez, continúa siendo propiedad venezolana. Lo que Washington obtuvo fueron derechos económicos y de gobernanza sobre la empresa que explotaría los campos, así como acceso preferencial a su producción. Rodríguez ha dicho expresamente que Venezuela conserva la soberanía sobre sus recursos naturales. La SPR se encuentra cerca de sus niveles más bajos en cuatro décadas, con 290 millones de barriles. Foto:Getty ImagesTampoco deben confundirse esos 65.000 millones de barriles con la Reserva Estratégica de Petróleo (SPR), el inventario de emergencia que mantiene EE. UU. La Casa Blanca sostiene que el acuerdo permitirá comenzar a rellenarla, ya que el Departamento de Estado tendrá derecho a adquirir al costo el 20 por ciento de la producción de NABEP. La SPR se encuentra cerca de sus niveles más bajos en cuatro décadas, con alrededor de 290 millones de barriles. Trump ha dicho que el proceso de reposición comenzará rápidamente utilizando petróleo venezolano. LEA TAMBIÉN Pero nuevamente aparece el problema de escala. Con una producción actual de NABEP de aproximadamente 200.000 barriles diarios, el 20 por ciento equivaldría inicialmente a unos 40.000 barriles diarios si toda esa cuota se destinara a la reserva. Además, el crudo venezolano es más pesado que el que normalmente se almacena en la SPR y requiere procesamiento, lo que añade dificultades logísticas. Analistas citados por Reuters incluso han cuestionado si parte de ese petróleo puede almacenarse directamente en las instalaciones actuales sin adaptaciones. Es decir, el acuerdo crea una nueva fuente potencial para reconstruir la reserva estratégica, pero no la rellena automáticamente ni convierte los 65.000 millones de barriles venezolanos en reservas estadounidenses. La participación estadounidense podría estructurarse mediante opciones de compra de muy bajo costo Foto:Internacional¿Realmente no le costará nada al contribuyente estadounidense? Esta es otra de las afirmaciones centrales de la Casa Blanca.Según la administración, NABEP entregará al Departamento de Guerra una participación del 35 por ciento en su empresa matriz “sin costo para el contribuyente estadounidense”, una participación que eventualmente podría valer cientos de miles de millones de dólares y generar dividendos para el gobierno.Pero sigue sin estar del todo claro cómo se financiarán los cerca de US$100.000 millones que NABEP estima necesarios para desarrollar los campos. LEA TAMBIÉN Varias fuentes han informado que la participación estadounidense podría estructurarse mediante opciones de compra de muy bajo costo a través de la Oficina de Capital Estratégico del Pentágono. Al mismo tiempo, fuentes conocedoras del proyecto han señalado que NABEP espera acceder a préstamos o créditos respaldados por el gobierno estadounidense.Ese detalle es importante.Una cosa es que Washington no tenga que desembolsar miles de millones para comprar directamente el 35 por ciento de la compañía, y otra distinta es que el gobierno estadounidense no termine asumiendo riesgo financiero. LEA TAMBIÉN Garantías de préstamos, créditos públicos u otros mecanismos destinados a atraer capital privado podrían dejar al contribuyente expuesto si los proyectos fracasan o si una crisis política futura impide recuperar las inversiones.A ello se suma que algunas de las grandes petroleras internacionales han sido, hasta ahora, cautelosas frente a Venezuela precisamente por su historial de expropiaciones, inseguridad jurídica y volatilidad política.Por eso, aunque la participación accionaria pueda adquirirse prácticamente sin desembolso inicial, todavía no es posible afirmar que el desarrollo del proyecto esté completamente libre de riesgo para las finanzas públicas estadounidenses.SERGIO GÓMEZ MASERI - Corresponsal de EL TIEMPO - Washington - @sergom68ANA MARÍA RODRÍGUEZ BRAZÓN - Corresponsal de EL TIEMPO - Caracas Sigue toda la información de Internacional en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.