Hace seis años, Marta Jiménez Serrano se levantó una mañana de sábado de invierno en la casa donde vivía con su pareja. Horas después, se desplomó en el suelo del baño.
Ni ella ni él sabían que estaban muriendo. Una caldera sin los controles adecuados del departamento que alquilaban llevaba tiempo liberando monóxido de carbono dentro de la vivienda y, poco a poco, los estaba intoxicando en silencio.
Pasaron varios años hasta que Jiménez Serrano pudo “colocar el trauma en su lugar” y encontrar las palabras para contar aquella experiencia. Con el tiempo, entendió que ese encuentro cercano a la muerte le había cambiado su forma de mirar la vida.
“En el fondo, el libro habla del duelo por aquella niña que no sabía que iba a morir”, dice la escritora española, de 35 años, nacida en Madrid.
“Durante un tiempo vivimos sin ser realmente conscientes de nuestra propia muerte, y ese es un tiempo feliz del que, de alguna manera, hay que despedirse”, agrega.








