La maestra jubilada Celia Díaz Morales no quería hablar de lo que le estaba ocurriendo para 2018. Tenía miedo al qué dirán mientras atravesaba un proceso de divorcio luego de cerca de 30 años de matrimonio con el padre de sus dos hijos. Había acumulado mucha presión, incluyendo batallar con problemas económicos, a la vez que permanecía callada y afloraban más preguntas que respuestas. Sentía que había fracasado tras haber perdido su casa y tener que mudarse.“No quería hablar del tema con nadie, ni siquiera con mis hijos. Las personas a veces dicen, ‘ah, eso no es nada, eso va a pasar’. Y a veces es cuando ya más o menos uno lo ve venir. Pero, uno conoce a las personas que están rodeando a uno y acepto que fueron mi salvación porque fueron las primeras que respondieron en su momento”, se sinceró Díaz en entrevista con El Nuevo Día acerca de una crisis suicida que sufrió. El cúmulo de diversas circunstancias que rodearon su divorcio la desestabilizaron física y emocionalmente, al representar muchas pérdidas a la vez. Precisamente, cabe destacar que una crisis suicida no siempre llega acompañada de un diagnóstico psiquiátrico. Según aclaró el Dr. Humberto Cruz, psicólogo clínico de la salud, una crisis suicida veces llega acompañada en medio de una separación, una pérdida, una enfermedad, dificultades económicas, una pérdida de la identidad personal, y hasta por cambios que hacen que la persona sienta que la vida que conocía dejó de existir, como por ejemplo mudarse de un lugar a otro.“Mientras eso ocurre muchas veces desde afuera la persona continúa funcionando, trabaja, atiende su hogar, ella conversa, se sonríe, hace chistes. Sin embargo, internamente pudiese estar experimentando un dolor emocional bien intenso, mucha desesperanza, aislamiento o esa sensación de que ya no cuenta con recursos necesarios para afrontar lo que está viviendo”, amplió el también especialista en medicina conductual de CIMA Menonita Salud Mental.En el caso de esta mujer residente de Cayey, se le sumaron los sentimientos de culpa por en algún momento haberle dado una oportunidad a su actual exesposo, y hasta de haber perdido la casa. Experimentó coraje consigo misma y sentía tantas cosas en contra de ella, que se seguían acumulando y aun así prefirió permanecer callada.“En un momento dado, dando una clase, llegué a sentir que el corazón me iba a reventar. Con todo y eso, yo terminé la clase, y en mi periodo de capacitación le pedí a Dios que me ayudara porque el dolor era tanto. Era un dolor que sentía que me iba a reventar el pecho y no encontraba salida. Yo decía, ‘Dios mío, ¿qué voy a hacer? No sé ni qué voy a hacer’’, narró la mujer de 67 años.En medio del proceso de divorcio, Díaz recibió una carta de manos del abogado de su exesposo, en la que se le informaba que este se había acogido a la ley de quiebras. Sin saber lo que conllevaba esa decisión, que es un procedimiento legal para manejar los problemas de deudas, resultó para ella en algo devastador.“Realmente después me di cuenta de que solamente era un protocolo que tenía el abogado que informarme, pero yo no lo sabía. Yo estaba sola en ese momento que recibí la carta. Cuando la agarro, la leo, era una ira tan y tan fuerte la que yo estaba experimentando, que entré a mi casa y empecé a destrozar todo lo que me encontraba en el camino, todo. Rompí muebles y empecé a llorar. De la impotencia caí al piso, y con la tijera que había roto muchas cosas, tirada en el piso miraba la tijera, y lo que tenía era que decidir... una cosa fuerte, pero estaba el celular y llamé a mi hermana, que sabía que estaba a lado visitando a mi papá”, narró con voz quebrada y compungida. A su socorro, de inmediato llegó su hermana a intentar consolarla y ayudarla en medio de sus crisis. Aceptó su ofrecimiento de llevarla a una sala de urgencias, a la que llegó con el rostro cubierto ante la vergüenza que sentía. La pudieron estabilizar y desde entonces se encuentra recibiendo tratamiento, incluyendo dos hospitalizaciones completas y cuatro parciales. El doctor Cruz explicó que el proceso que atravesó Díaz representa un evento altamente estresante, que pudo actuar como una precipitante de una crisis o colapso temporal de los mecanismos de afrontamiento.“Sería incorrecto decir simplemente que intentó quitarse la vida por una situación ‘X’, porque el suicidio rara vez responde a una sola causa. Un suicidio puede representar muchas pérdidas simultáneas. Cuando esas pérdidas se combinan con soledad, desesperanza, problemas de sueño, consumo de sustancias, dolor físico y la ausencia de un apoyo sólido, la capacidad del ser humano de afrontamiento puede verse temporalmente sobrepasado”, detalló Cruz hoy, cuando se conmemora el Día Mundial de la Prevención del Suicidio, que está respaldado por la Organización de Mundial de la Salud, una oportunidad para concienciar y movilizar a la población acerca de la prevención del suicidio.Al mismo tiempo, este especialista reiteró que no tener un diagnóstico previo no significa no estar en riesgo. Básicamente, una persona que nunca había solicitado una ayuda y que sus síntomas no hayan sido identificados, puede experimentar una crisis que surge de manera rápida ante una acumulación de circunstancias. “En mi caso, obviamente he tenido mis altas y mis bajas, pero lo he aprendido a identificar gracias a los profesionales de la salud mental, al apoyo de mi familia, y a Dios, por sobre todas las cosas. Lo más importante es que, como bien dice el doctor, uno aprende también a identificar esas banderas rojas que te dicen, ‘mira, estás mal, busca ayuda’. He aprendido a hablar y a dejarles saber a mi hija y a mis hermanas cuando me siento mal, aparte de los profesionales de la salud mental”, resaltó la también abuela de cuatro nietos.Mientras, Cruz confirma que el testimonio de Díaz es un claro ejemplo de que la recuperación no es lineal, sino que viene y va, a la vez que la mente desmonta todas las ideas, los pensamientos y el dolor emocional acumulado por tanto tiempo.“El valor del testimonio de Celia no está solamente en contar el día más difícil de su vida o los días más difíciles de su vida. Está en mostrar que ese día no tiene que definir el resto de su historia. Muchas personas no desean realmente que su vida termine. Desean que termine un dolor que en ese momento perciben como insoportable”, argumentó a la vez que dijo que cada paciente que atraviesa este tipo situaciones puede requerir cantidad de intervenciones diferentes en un fragmento de tiempo como parte de su proceso de recuperación. Cinco acciones para la prevención del suicidioEl psicólogo clínico de la salud enfatizó que no necesitamos esperar a que una persona tenga un diagnóstico de salud mental, que llegue al límite o que pida ayuda con palabras perfectas, para nosotros acercarnos, preguntarle, acompañarles, darles esperanza y mostrarles que hay acceso a tratamiento. “Es dar apoyo humano, es un plan de seguridad, es un seguimiento. Y la realidad es que sí, un diagnóstico de salud mental puede aumentar el riesgo en una persona, pero no es un requisito para concluir una crisis. La prevención no puede depender únicamente de que exista un expediente psiquiátrico. Tenemos que preguntar, tenemos que escuchar, tenemos que detectar el riesgo en todos los escenarios de la salud”, indicó mientras exhortó a no temer a preguntar a una persona ante una sospecha de estar en riesgo suicida. Entre las señales de alerta están los cambios recientes o crecientes como, por ejemplo: hablar de querer morir, de sentir que es una carga, expresar que no existe salida, aislarse, empezar a despedirse, a regalar pertenencias, alterar la alteración significativa del sueño, incluso alimentarse de más o alimentarse menos, y el consumo de drogas. La prevención del suicidio puede resumirse en cinco acciones:PreguntarEstar presente ProtegerConectar Dar seguimientoEl especialista en medicina conductual exhorta a que primero hay que escuchar, permanecer con la persona, ayudar a crear distancia de cualquier medio por el que la persona pudiera hacerse daño y conectarla inmediatamente con un profesional. “¿Has pensado en suicidarte? Hacer esa pregunta directamente con sensibilidad no introduce la idea, eso es una falsedad. Por el contrario, puede abrir una puerta para que la persona diga lo que en ese momento había estado enfrentando en silencio. Si la respuesta es afirmativa, no debemos buscar ni discutir ni responder con frases como: ‘tú tienes tantas cosas por las cuales has vivido’, ‘no seas egoísta’, ‘piensa en tu familia’, entre otras”, ejemplificó Cruz. No basta con atender el momento de la crisis, aseguró. Y es que la recuperación también va a requerir continuidad, un plan de seguridad, apoyo familiar y contacto posterior. “A veces la persona va al hospital psiquiátrico, pero allí lo que se hace es estabilizar el síntoma. Una vez la persona sale, los próximos 90 días son los más críticos, esas primeras semanas después de la hospitalización aguda, son los más críticos”, advirtió.En resumen, no tener un diagnóstico documentado no significa necesariamente que nunca se haya tenido síntomas o sufrimiento emocional. En el caso de Celia, detalla que no debemos establecer una relación simple de causa y efecto, en donde el divorcio es un evento significativo y pudo actuar como un evento precipitante, pero la conducta suicida surge de la interacción de factores individuales, relacionales y sociales. “Vemos muchos factores alrededor de ella, más como ella dice, cuando le llegó la carta de la quiebra. Así que las personas deben estar atentas a que debemos observar la intensidad, el cambio de funcionamiento habitual, la presencia de esos síntomas, porque las señales nuevas aumentan. El suicidio es la némesis de la depresión, es decir, el síntoma más agudo de una persona con presentación de depresión severa mayor. El suicidio se convierte en ese estado crítico en donde la persona ya no puede o no está consciente. Recordemos también que hay un componente biológico y bastante neuroquímico sucediendo, en los lóbulos prefrontales que están agotados. En otras palabras, hay una pobre segregación química, y eso afecta también el juicio, la toma de las decisiones y demás”, abundó. Según datos preliminares de la Comisión para la Prevención del Suicidio, al mes de julio de este año, en Puerto Rico se reportó un total de 7,507 muertes por suicidio desde el 1 de enero de 2000 hasta el 29 de jul de 2026.Desde el 1 de enero de 2026 hasta el 30 de junio de 2026, se ha reportado un total de 88 muertes por suicidio y de estas, 73 han sido hombres. Una vida estable y en pazDíaz ha mejorado muchísimo desde el momento que buscó ayuda, acompañada de su adherencia al tratamiento y lo que llaman factores protectivos. En plena reconstrucción de su vida, ya no le tiene miedo a hablar ni a manifestar sus emociones, ni a pedir ayuda cuando la necesita. Disfruta de su fe en Dios, de su soledad, de hacer crochet y macramé, de vivir en el campo en compañía de sus perros y sus gallinas y de servir“Con la vida modesta que tengo, me siento feliz. Estoy bien motivada, ayudo cuando así se me permite a otras personas. Me siento bien estable, me siento bien tranquila y en la eventualidad en que yo sienta que hay algo que no va bien, rapidito he aprendido a pedir ayuda. Me siento saludable físicamente, mentalmente, me siento más unida a mi familia y con mucho deseo de ayudar a otras personas de diferentes maneras”, respondió la maestra retirada. Pese a la situación que pasó con su exesposo, asegura que, durante el transcurso de los años, ha aprendido a perdonar, por lo que se ha dado una relación como padres de hijos en común, de armonía y hasta de ayuda, cuando esta lo necesita. “Mi paz ha llegado hasta el punto que hasta con él, no solamente lo he perdonado, sino que también compartimos como amistad. La vida es tan y tan valiosa. La vida huele rico, pero eso lo he ido aprendiendo en la marcha, y sí me siento, de verdad me siento feliz. Yo quisiera que muchas personas que por dentro han estado pasando por el proceso que yo pasé, pues puedan experimentar la paz que yo estoy experimentando, sentirse útiles, y que obviamente pasar páginas”, instó Díaz.Busca ayudaSi estás en vulnerabilidad o una persona cercana, llévale a una sala de emergencias más cercana para que pueda ser asistido. Puedes llamar a la línea de Cima Menonita Salud Mental al 787-714-2462.También puedes llamar a la Línea PAS 1-800-981-0023/988 o TDD 1-888-672-7623 está disponible libre de cargos las 24 horas del día, los siete días de la semana, a todos aquellos que necesiten una primera ayuda psicosocial. Ofrece orientación, consejería en crisis, cernimiento preliminar y coordinación de hospital, entre otros servicios.