La escritora conversa en el Club de Lectura de EL PAÍS sobre la crisis de la vivienda, la intimidad y el trauma
Sería complejo no tener “furia de clase”, como reseñó Alana Portero, después de ver la muerte tan de cerca. El suceso le ocurrió a la escritora Marta Jiménez Serrano (Madrid, 35 años) hace cinco años, cuando por poco llegó al coma tras intoxicarse por el monóxido de carbono de la caldera de su piso de alquiler. Por aquel entonces, a Jiménez le tocó sufrir la inoperancia absoluta de su antigua casera, que hizo caso omiso de las revisiones periódicas. Además de las exigentes condiciones del contrato de alquiler, a la autora todavía le resuena el eco de una frase de la propietaria: “Yo lo que quiero es no tener que ocuparme de nada”....
De la crisis de la vivienda, de la desidia sufrida y del posterior trauma, pero también de la intimidad, del amor y la amistad reflexiona Jiménez Serrano en su nuevo libro, Oxígeno (Alfaguara, 2025). Y de todo ello conversó con un grupo de suscriptores en el último Club de Lectura de EL PAÍS, celebrado el pasado martes 10 de marzo.
“Si no tenemos un suelo del que partir es muy difícil construir un hogar”, lamentó la escritora. Se refirió Jiménez al actual problema de la vivienda y, en particular, a los exigentes requisitos que tuvo a la hora de alquilar una vivienda. En su caso: fianza, aval, tres meses de depósito, el último ejercicio fiscal, la nómina. Y además: prohibido colgar cuadros, hacer fiestas. “He reflexionado mucho sobre el tema de clase, pero sobre todo, de cómo usan muchas personas el dinero. No es una demonización de quien tenga dinero”.






