Todo el mundo predijo una caída de los influencers, y al final todo quedó en nada. Durante los últimos quince días se sucedieron los episodios de escándalo ligados a perfiles concretos de creadores de contenido, a raíz de declaraciones que muchos jóvenes consideraron una muestra de desarraigo social por parte de los creadores de contenido de las redes sociales.Las afirmaciones eran categóricas: la caída de los influencers había llegado. Parecía que los miles de comentarios que circulaban en las redes conseguirían levantar, por fin, una conciencia colectiva contra el modelo de las redes sociales. Ahora, dos semanas más tarde, el algoritmo de dichas redes sociales sigue operando, los centenares de influencers siguen publicando contenido y tan solo un descenso de miles de seguidores de algunos de los perfiles que generaron más polémica es la única consecuencia visible de la supuesta revolución social.La polémica empezó con la influencer madrileña “Roro” (24), cuando se filtró un comentario suyo en la red social X de índole racista. Después fue el turno de Fabiana Sevillano (24), una influencer de Sevilla que criticó que “solo tenía un mes de vacaciones mientras todo el mundo tiene tres”. Le siguió el malagueño Carlos García (27), quien publicó un vídeo en el que calificaba al eclipse como “una cortina de humo para tapar la crisis de Ceuta”. Finalmente, la catalana Erola Jons (25) levantó polémica por sus comentarios fuera de tono sobre el ciclista Tadej Pogačar durante la cobertura de La Vuelta. Aun a día de hoy, tres de estos cuatro perfiles superan el millón de seguidores cada uno y la influencer madrileña agrupa más de cuatro millones (4,6 millones de seguidores).No ha sido suficiente para romper el vínculo de proximidad que la mayoría de los influencers tienen con ellos”Ona AngladaInvestigadora especializada en el estudio de creadores de contenido de la Universidad de Barcelona (UB)Ona Anglada Pujol, investigadora de la Universitat de Barcelona (UB) y especializada en el estudio sobre creadores de contenido, ya creía, en mitad del fenómeno antiinfluencer, que la nueva ola de críticas no supondría el final del modelo de las plataformas de redes sociales. Esta investigadora explica que la nueva ola de críticas ha expresado y visibilizado un malestar colectivo por parte de los jóvenes, pero que “no ha sido suficiente para romper el vínculo de proximidad que la mayoría de los influencers tienen con ellos”. Eso sí, el fenómeno ha sido un aviso para navegantes. “Ha actuado como una advertencia; ya no se tolera todo tipo de comentarios en su manera de comunicar”, asegura.El algoritmo de Instagram y TikTok cambia el modelo de las redes sociales: ya no sirven para compartir contenido con tus amigosSegún Anglada, detrás del nuevo fenómeno antiinfluencer se esconden otros malestares que demuestran que la audiencia juvenil empieza a mostrar síntomas de rechazo al modelo influencer y a la modalidad de plataformas sociales actuales. “De cada tres stories que los jóvenes ven de sus amigos, uno es un anuncio publicitario”, señala. Anglada asegura que estas redes, principalmente Instagram o TikTok, ya no sirven para seguir las fotografías de verano, stories de fiestas y celebraciones o actividades rutinarias que colgaban amigos o conocidos.“Ahora el algoritmo promueve el contenido de influencers famosos, y estos son principalmente creadores de contenido que basan la mayoría de sus publicaciones en patrocinios de grandes marcas”. Un escaparate online en el que marcas de ropa, empresas de comida, líneas de cosmética y festivales utilizan caras visibles famosas entre los jóvenes porque saben que pueden llegar mucho más fácilmente a sus posibles compradores.7 de cada 10 usuarios denuncian abuso de publicidad encubiertaEl rechazo ya es visible. Siete de cada diez usuarios consideran que existe un abuso de publicidad encubierta en el contenido de los influencers, según el estudio Navegantes en la Red 2026 de la Asociación para la Investigación de Medios de Comunicación (AIMC). Un fenómeno que se ha evidenciado también en estudios internacionales sobre las redes, dando lugar al concepto de “ad fatigue” (fatiga publicitaria).Según denunció un informe del Consell de l’Audiovisual de Catalunya (CAC) en marzo, al menos el 73,4% de los influencers no identifica correctamente los patrocinios en sus publicaciones. En la mayoría de los casos, tan solo añaden al final del texto del vídeo expresiones como “publi”, “publicidad”, “gracias a” o “embajador/a de” al referirse a la marca.Lee tambiénCasi la mitad de los usuarios de las plataformas afirma que las redes influyen en su decisión de compraLa publicidad no solo está cada vez más presente en las redes, sino que también funciona. Según el Estudio de Redes Sociales 2026 de IAB Spain, los influencers concentran casi la mitad de los usuarios de las plataformas de redes sociales (46%), mientras que solo un tercio de la audiencia de las plataformas sigue directamente a marcas en las redes. A pesar de que el 97% de los usuarios en redes busca entretenimiento, un 40% asegura que encuentra publicidad en el contenido de los perfiles.Y este medio termina siendo eficaz para las campañas publicitarias. Casi la mitad de los usuarios de las plataformas (44%) afirma que las redes influyen en su decisión de compra —un porcentaje que se eleva hasta el 56% en aquellos nacidos entre 1997 y 2012—, y un 25% realiza compras directas a través de las mismas plataformas, un fenómeno que crece nueve puntos respecto a los datos del año pasado.Las marcas quieren que el influencer sea un lienzo en blanco”Ona AngladaInvestigadora especializada en el estudio de creadores de contenido de la Universidad de Barcelona (UB)A pesar de que en las últimas semanas los influencers han levantado todo tipo de polémicas, Anglada advierte de que, durante las entrevistas que hicieron para su investigación Influencers, gamers y divulgadores culturales: análisis de la cultura de los creadores digitales en España, “todos los creadores de contenido afirmaban que querían huir de la polémica”. Lo que realmente se acababa convirtiendo en aspectos tan concretos como no fumar en público —para no cerrar posibles patrocinios de marcas publicitarias— o evitar a toda costa realizar posicionamientos políticos. “Las marcas quieren un lienzo en blanco”, asegura Anglada.“A pesar de que los influencers son la cara visible, en muchos casos, detrás operan academias de representación e intereses publicitarios. Señalar solo a las caras visibles hace que se pierda la imagen completa”, añade. Según Anglada, el hecho más relevante de esta última crisis reputacional de los creadores de contenido es que ha roto la pared generacional. “Hasta mi padre me habló de ello”.