John Malkovich es uno de esos actores a los que su rostro, alejado del canon de belleza hollywoodiense, siempre ha colocado en papeles de ‘raro’. Hacía tiempo que le tocaba ese personaje que le volviera a colocar en el centro. Uno que despertara a la gente del letargo y viera que es algo más que un intérprete condenado a secundarios excesivos y excéntricos. La varita mágica la tenía Martin McDonagh, experto en coger a actores como Malkovich y darles el personaje que se merecen.
El director de Tres anuncios en las afueras (que valió el Oscar a Frances McDormand y Sam Rockwell) y Almas en pena de Inisherin (que granjeó sendas nominaciones para Colin Farrell y Brendan Gleeson) es de esos cineastas que escriben caramelos a los actores. A Malkovich le ha dado uno de los mejores personajes de su carrera, el de Wild Horse Nine. Malkovich borda ese agente de la CIA destinado en Chile para preparar el golpe de Estado contra Salvador Allende y que pierde la memoria mientras decide escribir, valga la redundancia, sus memorias contando todas las barbaridades cometidas sirviendo a su país, y ahí entra desde el magnicidio a varios golpes de Estado en países como Guatemala o el Congo.
Tras el pase de prensa en el Festival de Venecia la crítica lo tuvo claro, a John Malkovich le van a llover los premios por el filme, y ya en la rueda de prensa se le preguntó por ello. “Tengo una carrera muy larga y tengo películas espectaculares con directores, guionistas y actores increíbles. Nunca siento que compita con nadie, porque amo lo que hacen, para mí es algo muy bonito que digan esas cosas, pero lo más bonito es que haya atención sobre esta película que tiene varias interpretaciones increíbles y está genial escrita y dirigida. Eso es lo más importante”, dijo.










