El arrepentimiento como concepto da problemas. Y muy serios. Uno podr�a pensar que un acto de contrici�n es algo as� como un Plan Renove de la conciencia en el que se reconocen los errores cometidos, se aprietan mucho los pu�os y andando, que queda mucho camino. Lo siento mucho, me he equivocado, no volver� a pasar. Pero en verdad arrepentirse es tanto como reconocer que podemos ser otras personas distintas a las que fuimos cuando, supuestamente, nos equivocamos y, qu� se yo, disparamos contra un elefante. Es decir, quien cree en el arrepentimiento cree en el cambio y, apurando, en la personalidad m�ltiple.Digamos que los h�roes (o, mejor, antih�roes) atormentados de Paul Schrader hace tiempo que literalmente acamparon en este callej�n sin salida. Desde El reverendo a El maestro jardinero pasando por El contador de cartas, todos los protagonistas del por siempre guionista de Taxi driver (otro de la misma familia) viven solos, castigados por un hecho del pasado que les mantiene heridos de culpa y ansiosos por un instante de redenci�n o de perd�n o, cuanto menos, un segundo, solo uno, de descanso. The Basics of Philosophy, reci�n presentada en la Mostra de Venecia, completar�a a su modo lo que antes era una trilog�a y desde hoy una tetralog�a. Esta vez es un profesor de filosof�a encadenado al pensamiento de Spinoza el que se ve de frente ante s� mismo, ante lo que fue y ante lo que quisiera dejar de ser. Fascinante sin duda el af�n de Schrader de hurgar en su m�s profunda herida.La diferencia con los trabajos anteriores (siempre hay m�s de una) es que ahora el h�roe, lejos de sufrir y obrar en silencio, no solo hace expl�citas cada una de sus dudas, sino que hasta las discute con el propio Spinoza (s�, Spinoza tiene un papel). Y lo hace sin miedo a, otra vez, arrepentirse por una decisi�n tan osada. Desde luego, gusta y hasta entusiasma ese empe�o m�s propio de S�sifo de subir una y otra vez la misma cuesta con id�ntica piedra. Pero, y llegan las malas noticias, descorazona la falta de pulso de una pel�cula que, al contrario de sus predecesoras, huye del matiz, abraza la ambig�edad y se enreda en una trama tan alambicada e irreal como artificiosos se antojan los personajes.Se cuenta, ya se ha dicho, el profundo pesar de un profesor (un Jack Huston que no est� a la altura de, por orden, Etahn Hawke, Oscar Isaac y Joel Edgerton) que, por culpa de un hecho nefando del pasado, se ve incapaz de amar a la persona que dice amar. Cuando la v�ctima de aquel pecado vuelva de repente a su vida, con �l vendr� --hemos llegado-- la culpa y la duda sobre si es o no posible el arrepentimiento. Y aqu� el callej�n sin salida con, resumiendo mucho, dos soluciones posibles. Spinoza, que en Schrader manda, no da opciones. En su razonamiento materialista, cabal y algo mecanicista (sin exagerar), dado que actuamos compelidos por causas ajenas y encadenadas, sentir culpa por haber tomado una mala decisi�n es lo m�s parecido a una ilusi�n. Pero no una ilusi�n cualquiera o solo vana, sino una de las malas, una de esas que nos hace sentir mal con nosotros mismos y nos detiene en un pasado est�ril.En cambio, en el catolicismo en general y en Agust�n de Hipona muy en particular, la cosa cambia. Para el padre de la Iglesia, menos dado a los determinismos demoniacos, arrepentirse es siempre el primer paso a un cambio interior en el que la gracia de dios tiene mucho que ver. Se trata de un acto de sinceridad donde el alma reconoce su culpa, se duele por su error y se abre a la misericordia. Lo dicho: lo siento, me he equivocado, no volver� a pasar.El problema de The Basics of Philosophy, m�s all� de lo redundante que suena todo, es la dificultad que demuestra la pel�cula de hacer coincidir (o al menos, sincronicar) las diferentes tramas que se superponen y que tienen que ver con la identidad sexual del protagonista, con la omnipresencia de un padre dominante, con la venganza del damnificado, con un chantajista que aparece de forma oportuna (o inoportuna, seg�n se vea) y con la propia figura de Spinoza empe�ada en explicarlo todo.The Basics of Philosophy es una pel�cula exageradamente arr�tmica que alterna momentos secos y profundos (marca del director) con lagunas narrativas solo desconcertantes. Quiz�, por rizar el rizo, la propia pel�cula sea un motivo de arrepentimiento �l mismo. Am�n.Zoe Monpart, Cedric Kahn y Malou Khebizi en la presentaci�n de '15/18 (A place to heal)'.EFE15/18 (A Place to Heal). La adolescencia en llamas (***)Ya en la competici�n oficial (la de Schrader iba fuera), destac� el nuevo trabajo del franc�s C�dric Kahn. 15/18 (A Place to Heal) insiste en ese subg�nero tan franc�s, tan realista y tan en�rgico de retratar una instituci�n del Estado por dentro, desde su existencialismo m�s v�vido. Suena extra�o y, en verdad, hablamos b�sicamente de colegios y hospitales. Pensemos por un momento en Hoy empieza todo, de Bertrand Tavernier, en La clase, de Laurent Cantet, o, m�s atr�s, en Cero en conducta, de Jean Vigo. Esto por lo que a la ense�anza se refiere. Del otro lado, ninguna como la brillant�sima Hip�crates, de Thomas Lilti. Ahora se trata de una instituci�n psiqui�trica (la de los n�meros del t�tulos) que se ocupa de adolescentes.Kahn, director entre otras de la afilad�sima El caso Goldman, vuelve a demostrar su buena mano para coreografiar sentimientos y cuerpos al ritmo de una c�mara que no da respiro. Siempre en el l�mite entre la realidad y la fabulaci�n, la pel�cula va desgranando los abismos de unos chavales acosados y sin sitio. Brillante. El problema, que lo hay, llega de la mano de lo que podr�a llamarse (sin dramatizar) falta de rigor. Por momentos, 15/18 (A Place to Heal) se muestra, como probablemente deber�a haber sido siempre, cruda, inmisericorde y solo pendiente de la tempratura misma de una emoci�n que no necesita ni explicaciones ni justificaci�n alguna. Y eso al lado de una cierta tendencia a la deriva melodram�tica que, como poco, se antoja no procedente. Improcedente, por tanto. L�stima. Sea como sea, enamoran todas y cada una de las interpretaciones de los chavales sin excepci�n.Shin'ya Tsukamoto en la presentaci�n de 'Mr Nelson, did you kill people?'TIZIANA FABIAFPMr. Nelson, Did You Kill People? Tsukamoto moralista (**)Por �ltimo, la misma competici�n oficial de Kahn nos sorprendi� con el �ltimo trabajo del japon�s Shinya Tsukamoto y lo hizo de manera tan radical como parad�jica. Mr. Nelson, Did You Kill People? completa su particular trilog�a del horror de la guerra tras Fires of the Plain (2014) y Shadow of Fire (2023). La novedad reside es que, en vez de ambientarse en la Segunda Guerra Mundial, esta vez el centro de atenci�n son las consecuencias del conflicto de Vietnam. El protagonista (Rodney Hicks) es un antiguo combatiente incapaz de entenderse ni con sus traumas ni con su vida ni con su propio terapeuta (Geoffrey Rush). La historia original es un relato de no ficci�n de Allen Nelson.Nada que objetar al estallido sobre la pantalla de cada escena de acci�n arrojada literalmente a la parte blanda de la retina del espectador. Lo que se entiende peor es la nueva vocaci�n moralista que el padre del ciberpunk (dos oraciones por la saga Tetsuo) demuestra en una historia tan err�tica en su narraci�n como repetitiva en sus gestos. Y todo ello tapizado de una alarmante y muy forzada ingenuidad que no acaba. De repente, esa sensaci�n espesa, salada y clara de la sangre, brutal sin duda, que presidi� cada uno de los alardes de las cintas anteriores se acerca ahora peligrosamente al serm�n. Y otra vez, am�n.
Paul Schrader completa su trabajo m�s artificial en la en�sima revisi�n del h�roe atormentado en The Basics of Philosophy (**)
El arrepentimiento como concepto da problemas. Y muy serios. Uno podr�a pensar que un acto de contrici�n es algo as� como un Plan Renove de la conciencia en el que se reconocen...












