0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial“Un hombre siempre acaba enfrentándose a lo que más teme”, decían en una película de códigos samuráis de Jim Jarmusch. Si te da miedo la pobreza, acabarás lidiando con ella. Si lo que más temes es la soledad, terminarás tu vida solo. No se puede escapar uno del monstruo porque los pasos con los que huyes te están llevando de regreso al monstruo. Corremos en círculo. De eso van siempre las novelas. Mar Marín / EfeLa desesperación, el enfado, la sensación de abandono de los vecinos ceutíes que hemos ido viendo y oyendo estos días de pornografía e información van más allá de esos sentimientos y se adentran en el pánico y la paranoia. Quizás porque esté pasando lo que siempre temieron: un ejército sin armas, un batallón de la miseria entrando en la ciudad. Una multitud, una montaña de personas, un gran carnaval. No hay manera ni medios para impedirlo.Un ejército sin armas, un batallón de la miseria entrando en la ciudad; no hay manera de impedirloUna ciudad española que trató de escapar del monstruo con patriotismo, buena vecindad y valor en sus ganas de vivir. Corriendo para alejarse de la geografía, su monstruo particular. Una ciudad de un país rico incrustada en otro país pobre y un Estrecho, de pronto codiciado. Se ha sentido humillada y abandonada y han ido llegando ministros, policías y militares, políticos, agitadores, periodistas y titiriteros. Y los ceutíes y las ceutíes los miraban a todos a los ojos y les preguntaban qué iban a hacer y nadie sabía qué hacer no solo con los que se saltaron el control fronterizo y les quitaron la normalidad y la paz, sino que qué iban a hacer con la geografía. Y ahí no les contestan. No les dicen que no pueden hacer nada con eso, con estar rodeados de Marruecos y el mar. Ni con que Estados Unidos quiera que sea el vecino quien gestione la parte sur de ese Estrecho. Que no se puede hacer más que lo que se hace: nada, esperar, nada, esperar, que se vayan las cámaras, que nadie mire, nada otra vez.Quizás se podría tener el coraje de decir la verdad. La verdad de la geografía y no tanto la verdad de la historia. La verdad de esas más de 80.000 personas que son y se sienten ciudadanos de un país llamado España. La verdad sobre que la solución es complejísima e impopular –cualquiera de ellas– pero esas ochenta y pico mil almas se merecen un poco más que les hablen del Mundial de fútbol o que les aseguren que Ceuta es esa ciudad española que está entre Toledo y Albacete, que están a salvo y que tiene mar.
Lo que más temes, por Carlos Zanón
“Un hombre siempre acaba enfrentándose a lo que más teme”, decían en una película de códigos samuráis de Jim Jarmusch. Si te da miedo la pobreza, acabarás lidiando con ella. Si lo que más temes es la soledad, terminarás tu vida solo. No se puede escapar uno del monstruo porque...







