En diversas entrevistas, la actriz española Penélope Cruz ha confesado que nunca aprendió a conducir debido a un trauma infantil: cuando tenía siete años vio cómo un automóvil atropelló a su hermana. Afortunadamente, las lesiones fueron leves, pero Penélope no logró superar el miedo a ponerse al volante.

Isabel Lascurain, cantante mexicana del grupo Pandora, tiene bien identificado el momento que la llevó a desarrollar temor a grabar sola. Cuando el grupo estaba por lanzar su primer disco, el productor musical no quería permitirle interpretar ninguna canción como solista. Aunque tuvo el apoyo inmediato de sus compañeras y grabó Cómo te va mi amor, el mayor éxito del disco, desde entonces no ha logrado grabar ninguna canción sin la presencia de su hermana Maite y de su amiga Fernanda, compañeras de agrupación.

Muchas personas podrían creer que los temores de estas dos artistas son exagerados, pero quienes han experimentado miedos que los paralizan entienden que no todas las personas procesan las experiencias de la misma manera y que, a veces, lo que para unos resulta pasajero para otros puede convertirse en una limitación permanente.

Una emoción protectora

El miedo no es algo negativo. Como señala la psicóloga clínica, psicoanalista e investigadora Claudia Palomo, “es una emoción humana fundamental que nos advierte sobre algún peligro, nos ayuda a protegernos, a evaluar los riesgos y a evitar que actuemos de manera imprudente”.