El �ltimo esca�oLa defensa cerril que hace el presidente de Rabat refuerza y legitima la hip�tesis de que act�a bajo influencia extranjera Pedro S�nchezActualizado Jueves,
septiembre
00:00Audio generado con IALa respuesta de Pedro S�nchez a la insostenible situaci�n de Ceuta y el creciente malestar social que se expres� ayer en las calles de Espa�a sigue el mismo esquema de usos y costumbres del presidente socialista en momentos de serias crisis, como fueron la pandemia, el apag�n el�ctrico, la DANA o los casos de corrupci�n. Esta manera de ser y de actuar de S�nchez se resume en 1) su absoluta frialdad ante los hechos, la distancia de quien se siente un mero observador; 2) su nula empat�a respecto a las v�ctimas (a las que suele convertir en culpables si sus quejas le se�alan); 3) un rechazo natural a asumir cualquier tipo de responsabilidad pol�tica y 4) un paranoico victimismo que le lleva a acabar present�ndose, libre de todo pudor y verg�enza, como el principal damnificado de la crisis de turno y/o de las maniobras en su contra de la derecha y "los poderosos".En esta ocasi�n, el informe policial que certifica la participaci�n de las fuerzas de seguridad marroqu�es en la invasi�n de Ceuta rompe la estrategia del Gobierno de negar cualquier implicaci�n de Rabat y empuja a S�nchez a la fase 4 de su habitual patr�n de comportamiento: presentarse con tono afligido como una v�ctima -condici�n que aflorar� seguramente hoy en su discurso en el Congreso-, tanto de una mano negra exterior dirigida por Trump y Netanyahu, que al desestabilizar a Ceuta busca desestabilizar al Gobierno, como, sobre todo, v�ctima de la guerra interior, judicial (lawfare) y policial, que ha aprovechado la oportunidad del frente abierto en Ceuta para ocultarle informaci�n y perjudicarle.El malestar de muchos espa�oles por el abandono de Ceuta y las primeras grietas en el liderazgo de S�nchez en el PSOE, con casi cuarenta alcaldes rompiendo las �rdenes y participando en las movilizaciones de apoyo al pueblo ceut�, han llevado al Gobierno a contaminar el debate p�blico con un nuevo episodio de la conspiraci�n del �Estado profundo� contra S�nchez, con una unidad de la polic�a escondiendo informaci�n de inteligencia al ministro Marlaska. Pero esta tesis monclovita de emergencia obvia que el informe se elabor� en calidad de Polic�a Judicial, y como tal solo reporta ante el juez, y orilla que la ministra Robles hab�a confirmado que exist�an varios informes sobre las maniobras marroqu�es -uno de estos fue emitido el 29 de julio, antes del asalto- y que fueron compartidos con la Delegaci�n del Gobierno. Que S�nchez prefiera sacrificar la credibilidad de su Gobierno -y de su ministro del Interior-, dej�ndolo como un pobre inepto, antes que se�alar a Rabat dice m�s sobre la influencia de Marruecos que sobre la supuesta conspiraci�n del �Estado profundo�. Y es que su intento de presentarse como una v�ctima tambi�n de la crisis de Ceuta, finalmente el principal damnificado, sin importarle aparecer como un presidente que no se entera de nada y que no controla el ministerio del Interior, hace m�s sospechosa todav�a la cerril protecci�n por parte del Gobierno del r�gimen marroqu�. �Qu� debe o teme S�nchez? El servilismo con Marruecos, que supera la cautela timorata con la que tradicionalmente los gobiernos espa�oles se han relacionado con Rabat, como si Espa�a fuera el vecino pobre y antidemocr�tico que tiene que hacerse perdonar, es una de las razones de la grave situaci�n de Ceuta. Al presentar lo ocurrido como una �crisis migratoria� y no como un ataque a la soberan�a nacional, el Gobierno impide aplicar medidas de excepci�n y expulsar de immediato a todos los extranjeros que participaron en la operaci�n. Y da verosimilitud a la hip�tesis del kompromat marroqu� que, de confirmarse que el Ejecutivo actu� bajo chantaje, hundir�a la credibilidad de Espa�a ante Europa.













