Más de 70.000 personas se dan cita por estos días en Black Rock City, una "ciudad temporaria" hecha de carpas y obras de arte, levantada por sus propias manos en el lecho seco del lago Lahontan, en el desierto de Black Rock, Nevada. Es la edición número treinta del festival de arte y contracultura Burning Man, que desde 1986 invita a pasar una semana con foco en la comunidad, el arte y la autosuficiencia, sin circulación de dinero. El diseño de la ciudad efímera es de arco abierto, con el fin de facilitar la orientación de los habitantes frente a las constantes ráfagas de arena que entorpecen la visibilidad. Todo se quemará el viernes, empezando por la tradicional figura humana de gran porte que da nombre al festival. Las obras de Burning Man se construyen y destruyen en el desierto de Black Rock, Nevada. IG Jamen Percy. El evento no tiene programación oficial: cada uno de los campamentos temáticos gestiona su propia agenda de forma autónoma. Artistas del circuito electrónico internacional como Michael Bibi, John Summit y Danny Tenaglia forman parte de las programaciones autogestionadas de este año. Las entradas generales cuestan desde 604 dólares; el pase para autos suma otros 150.
Burning Man: una torre Eiffel partida al medio en pleno desierto de Nevada
El evento cultural construye una ciudad efímera en el desierto de Black Rock donde no circula dinero y se practica la autosuficiencia radical. La entrada cuesta al menos 600 dólares.













