En tres actos, como en una obra de teatro, se reproduce en el imaginario de aquel que lee esta novela el eco lejano de una inconexa saga de familias. Inconexa porque muchos de sus cerca de 35 personajes no tienen parentescos reales. Otros, sin embargo, sí. Y allí, en el umbral, en el “Llano” y en la “Montaña”, conviven linajes familiares rotos, soledades y comunidades elegidas que se forman en los márgenes para poder sobrevivir.

Contada con la cadencia de una oralidad sin filtros, una estética llamativa gracias a la portada del artista canadiense Ryan Heshka y la breve frase de José Saramago entre las primeras páginas: “Desde la aurora del mundo, siempre los incendios atrajeron a los hombres”, es el primer contacto con la tormenta literaria que desata la autora cubana Elaine Vilar Madruga en su última novela La piel hembra.

La trama nace de un milagro salvaje que fractura el ecosistema natural de los habitantes del valle: una noche de calor asfixiante en la que una “calentura” incontrolable empuja a las mujeres montaña arriba, para regresar al amanecer desnudas, cubiertas de polvo dorado y embarazadas bajo la convicción de que parirán al nuevo mesías. De esa paranoia colectiva no nace un salvador patriarcal, sino una mesías concebida mientras la comunidad se desploma en un claustro de fanatismo, violencia y control sobre la maternidad y los cuerpos.