Las especies invasoras no necesitan cubrir kil�metros de costa para encender las alarmas. A veces basta una peque�a mata rosada prendida entre las rocas. Eso fue lo que encontr� Eva Cacabelos durante una jornada de descanso en una playa de O Grove (Pontevedra) en 2025, mientras recorr�a las pozas que deja la marea al retirarse. Aquella forma plumosa, familiar para ella pero in�dita en Galicia, result� ser una Asparagopsis taxiformis, una macroalga tropical originaria del Indopac�fico y extendida desde hace a�os por el Mediterr�neo."La conoc�a de la Macaronesia y del sur de Espa�a, donde es bastante com�n. Por eso me llam� la atenci�n encontrarla aqu�, porque sab�a que nunca se hab�a citado en Galicia", recuerda la investigadora del Centro Oceanogr�fico de Vigo del Instituto Espa�ol de Oceanograf�a (IEO). La identificaci�n inicial fue confirmada despu�s mediante an�lisis moleculares.Hasta entonces, la presencia atl�ntica m�s septentrional de la especie se encontraba en Sines, en la costa portuguesa. Su aparici�n en las R�as Baixas ampl�a en unos 500 kil�metros hacia el norte el territorio en el que se sabe que est� presente. Sin embargo, la distancia no es el �nico motivo de inquietud: los an�lisis posteriores revelaron que el ejemplar pertenece al linaje 2, el que presenta una mayor tolerancia ambiental y capacidad invasora."Todav�a no sabemos si conseguir� establecerse, pero es la variante con m�s facilidad para adaptarse a condiciones distintas de las de su lugar de origen", explica Cacabelos. Si supera el invierno y forma una poblaci�n estable, podr�a extenderse por el sustrato rocoso y competir con las algas aut�ctonas por la luz, los nutrientes y el espacio.El impacto ir�a mucho m�s all� de sustituir una especie por otra. Los bosques submarinos de las r�as proporcionan alimento, refugio y zonas de reproducci�n a peces, moluscos y crust�ceos. Su deterioro, advierte la cient�fica, "podr�a alterar comunidades enteras" y terminar afectando tambi�n a actividades tan vinculadas a la salud de estos ecosistemas como la pesca y el marisqueo.Su llegada constituye, adem�s, una nueva se�al de la tropicalizaci�n del litoral gallego. Desde hace a�os, los cient�ficos observan c�mo disminuyen algunas poblaciones asociadas a aguas fr�as mientras aparecen con mayor frecuencia organismos de afinidad c�lida, tanto entre las algas como entre los peces. "Est�n cambiando las abundancias y la distribuci�n. Algunas especies que antes eran comunes se ven cada vez menos y otras propias de zonas m�s c�lidas aparecen m�s al norte", se�ala Cacabelos.El aumento de la temperatura facilita su supervivencia una vez alcanzan estas latitudes, aunque para recorrer grandes distancias suelen necesitar la ayuda de la actividad humana. El transporte mar�timo, la acuicultura, las embarcaciones recreativas e incluso los residuos flotantes pueden llevar fragmentos u organismos adheridos de una costa a otra.El caso de O Grove se encuentra, no obstante, en una fase muy temprana. Cuando Cacabelos volvi� al punto del hallazgo un mes despu�s observ� algunos individuos m�s, pero esa segunda visita no demuestra que la macroalga haya conseguido asentarse. Adem�s, el ejemplar inicial carec�a de estructuras reproductoras, lo que apunta a una poblaci�n todav�a incipiente que podr�a desaparecer si no completa su ciclo vital. "Una cosa es que una especie aparezca y otra que logre establecerse. Para saber qu� est� ocurriendo aqu� ser� necesario mantener un seguimiento de la zona", puntualiza.El peligro de una coinvasi�nA esa incertidumbre se suma el riesgo de que coincida con la Rugulopteryx okamurae, otra macroalga ex�tica ya detectada en Galicia que ha cubierto amplias superficies del fondo marino en el sur de Espa�a y ha llegado a acumularse masivamente en sus playas. La acci�n simult�nea de ambas podr�a desencadenar una coinvasi�n, reducir el espacio disponible para las especies nativas y acelerar la transformaci�n del ecosistema. "La Rugulopteryx ya ha demostrado que puede monopolizar zonas muy importantes del fondo. Con la Asparagopsis todav�a no hemos observado ese comportamiento aqu�, pero la combinaci�n de varias invasoras podr�a intensificar los impactos", sostiene la investigadora.Para quienes frecuentan la costa gallega, estas formas de aspecto tropical podr�an convertirse con el tiempo en una imagen cada vez m�s habitual entre las rocas. El hallazgo de O Grove no supone por ahora un riesgo sanitario para los ba�istas, ya que la amenaza identificada es ecol�gica. Tampoco conviene arrancar un ejemplar sospechoso porque, como advierte Cacabelos, "al fragmentarlo se puede favorecer su dispersi�n y dificultar todav�a m�s cualquier intento de control".De ah� que, junto a los muestreos peri�dicos, Cacabelos reivindique la ayuda de quienes conocen y frecuentan el litoral. Pescadores, mariscadores, buceadores y ba�istas pueden ampliar una vigilancia imposible de cubrir �nicamente con equipos cient�ficos. La plataforma Observadores del Mar, por ejemplo, permite enviar fotograf�as y la localizaci�n exacta del hallazgo para que los especialistas comprueben la identidad del ejemplar."Los ciudadanos son muchos m�s que los investigadores y pueden ofrecernos una cobertura mucho mayor de la costa", explica. En plena temporada de playas, quienes pasean por la orilla o se detienen a curiosear entre las rocas pueden convertirse as� en los primeros aliados para detectar una invasi�n antes de que deje de ser incipiente.
'Asparagopsis taxiformis': el alga invasora tropical que ya ha llegado a Galicia y amenaza con colonizar sus fondos marinos
Las especies invasoras no necesitan cubrir kil�metros de costa para encender las alarmas. A veces basta una peque�a mata rosada prendida entre las rocas. Eso fue lo que encontr�...






