Verano tras verano, la escena se repite. Toneladas de alga asiática vuelven a cubrir las playas del litoral andaluz, obligando a los Ayuntamientos a reforzar las labores de limpieza. Pero la retirada de los arribazones no resuelve el problema de fondo: los científicos consideran que la erradicación de esta especie ya no es un objetivo realista y que el reto pasa por gestionar sus efectos sobre el medio ambiente, la pesca y el turismo.Esta gestión supone un coste para los municipios. En Mijas, el Ayuntamiento ha retirado 1.890 toneladas de alga asiática en lo que va de 2026, 350 de ellas solo durante el mes de julio. Cada noche, los operarios municipales limpian las playas antes del amanecer, una tarea que ya ha supuesto más de 1,5 millones de euros sufragados con recursos propios. "El impacto en los servicios municipales es total y absoluto", señalan desde el Ayuntamiento.Detrás de estos episodios se encuentra Rugulopteryx okamurae, una especie originaria del Pacífico noroccidental. Las primeras proliferaciones masivas se detectaron en el entorno del Estrecho de Gibraltar en 2015. Aunque se desconoce con certeza cómo llegó a España, los investigadores apuntan a las aguas de lastre de los buques mercantes como la principal vía de introducción.A diferencia de otras algas, Rugulopteryx okamurae sigue viva incluso después de desprenderse del fondo marino y cada uno de sus fragmentos puede dar lugar a un nuevo individuo. Esa capacidad de propagación explica por qué los científicos descartan su eliminación: "La erradicación en medio marino es mentira, es imposible", afirma María García, investigadora del Centro de Estudios Avanzados de Blanes (CEAB-CSIC). "Lo que puede haber son medidas de mitigación", añade.El impacto no se limita a las playas. Bajo el agua, el alga asiática forma densas alfombras que desplazan a la flora autóctona, alteran los ecosistemas marinos y dificultan la actividad pesquera al invadir redes y caladeros. Y, en la superficie, los arribazones se descomponen tras varios días al sol, generan malos olores, atraen insectos y reducen el atractivo turístico de las playas.La retirada de los arribazones se ha convertido en una tarea habitual para los municipios afectados. En Mijas, el Ayuntamiento asegura que estas labores exigen un importante esfuerzo económico y de personal que asume con fondos propios, sin contar con ayudas específicas de la Junta de Andalucía ni del Gobierno de España. Una tarea que, insisten, solo permite mitigar los efectos de la invasión en las playas, pero no frenar su expansión en el mar.Para responder a esta situación, la Junta de Andalucía ha elaborado un Plan de Gestión frente a Rugulopteryx okamurae. El documento contempla medidas de investigación, vigilancia, sensibilización y protocolos para la retirada y el tratamiento de la biomasa. Además, plantea estudiar posibles usos para el alga una vez haya sido sometida a procesos que eliminen por completo su capacidad de reproducción.La valorización de esta biomasa se ha convertido en una de las principales líneas de investigación sobre el alga asiática. Los científicos estudian posibles aplicaciones en ámbitos como los fertilizantes, los cosméticos, los bioplásticos o los compuestos farmacológicos. Sin embargo, la legislación europea impide su aprovechamiento mientras el alga conserve capacidad de reproducción, para evitar que la creación de un mercado incentive la expansión de una especie invasora. El Plan de Gestión de la Junta de Andalucía plantea estudiar su valorización una vez que haya sido inactivada y deje de existir riesgo de propagación. "El espíritu de la normativa de la UE es que las especies invasoras no generen una industria a su alrededor que pida más, más y más", explica María García. La investigadora, sin embargo, defiende que deberían estudiarse excepciones que permitieran aprovechar el alga mientras persista la invasión, siempre que ello contribuyera a reducirla.Los expertos coinciden en que la evolución del alga sigue siendo una incógnita. Algunas especies invasoras terminan estabilizando sus poblaciones con el paso del tiempo, pero todavía es pronto para saber si ocurrirá lo mismo con Rugulopteryx okamurae. "De momento pinta mal", resume María García, que insiste en que su evolución dependerá de múltiples factores ambientales que hoy resultan imposibles de predecir.Lo que sí parece claro es que Andalucía ha dejado de enfrentarse a un episodio puntual para convivir con un problema estructural. Retirar cada día miles de kilos de algas evita que las playas queden cubiertas por montañas de biomasa, pero no impide que vuelvan a aparecer al día siguiente. Mientras la ciencia continúa buscando fórmulas para contener su expansión y explorar posibles usos para el alga asiática, los municipios costeros siguen siendo la primera línea de defensa frente a una especie que, apenas una década después de su llegada al Estrecho, ha cambiado el paisaje del litoral andaluz.
El alga asiática se expande un año más por Andalucía: "La erradicación es imposible"
Los científicos centran los esfuerzos en mitigar sus efectos, mientras los municipios siguen asumiendo el coste de retirar los arribazones de las playas.










