La lagartija pitiusa (Podarcis pityusensis) está en peligro de extinción. Desde hace dos décadas, vive amenazada por la introducción artificial de una especie invasora, la serpiente de herradura (Hemorrhois hippocrepis), que se alimenta de ella y de mamíferos. En solo 15 años ha pasado a colonizar el 90% del territorio de Eivissa, lo que amenaza el equilibrio ecológico de las islas, así como la supervivencia de esta especie. Antes de su progresiva desaparición, existían unas cuarenta subespecies de la lagartija en las Pitiüses, una especie endémica de estos dos pequeños territorios del archipiélago balear. “Podría desaparecer por completo”, concluye una investigación del CREAF (Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales), encabezada por Oriol Lapiedra.
La función de la lagartija pitiusa para los ecosistemas pitiusos es de suma importancia: poliniza la mayoría de flores, controla plagas porque se alimenta de insectos y dispersa semillas. Esta especie también se encuentra en Formentera y en casi cuarenta islotes de sus alrededores, lo cual ha dado lugar a “poblaciones con coloraciones únicas en cada zona”. De hecho, esta especie es una de las que presentan “más variaciones de color en todo el mundo”, lo que ha generado mucho interés entre la comunidad científica internacional. La gran variedad de colores –con tonos verdes, marrones, grises, azules y negros– es el resultado de “miles de años de adaptación a distintos hábitats y del aislamiento genético de los islotes”. “Perder estas poblaciones evolutivamente únicas significa que nunca volveremos a ver ejemplares iguales”, advierte Guillem Casbas, investigador predoctoral del CREAF y uno de los principales autores del estudio.






