Antes había miles de lagartijas de las Pitiusas (Ibiza, Formentera y sus islotes), una especie única en el mundo y seña de identidad del privilegiado entorno. Ahora, hay miles de culebras de herradura (Hemorrhois hippocrepis) que se están comiendo a las lagartijas, sobre todo en Ibiza, donde la invasión alcanza casi el 90% del territorio y solo quedan ejemplares en un 30% de la isla. Tampoco los islotes están a salvo, pues los ofidios han colonizado varios de ellos a nado. Los científicos calculan que en dos años habrán ocupado todo el territorio ibicenco.
Los primeros ejemplares de la invasora se detectaron en 2003, en un vivero al que llegaron de incógnito en los cepellones o troncos de olivos ornamentales. Se subestimó el peligro, salieron de allí y comenzó su periplo, al principio silencioso, por la isla. Hasta que explotó el desastre: en 2024 se capturaron en Ibiza 3.072 culebras en las trampas distribuidas por el Gobierno balear en el territorio. Un número que no ha dejado de crecer año tras año desde 2016, cuando se sistematizó su aprehensión con trampas: en 2023 cayeron 2.007, y en 2022, 2.710.
Las más grandes miden más que las de la península: se han llegado a atrapar de una longitud superior a 1,80. “Eso es debido a que tienen mucha comida, para ellas esto es un bufé libre”, explica Oriol Lapiedra, jefe de grupo de investigación en el Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF), que estudia la colonización desde hace cinco años.






