La sargantana balear, una de las joyas animales y un símbolo de Ibiza, está en peligro de extinción por una plaga de culebras que la está aniquilando. Los ciudadanos se convierten en tramperos
Ya ha caído otra serpiente. En su casa del valle agrícola de Benimussa, en Ibiza, Andrés Ribas tiene puestas cinco trampas para cazar culebras y la de la huerta lleva atrapadas 15 en un mes. Este residente en la isla, de 32 años, es bombero, pero al igual que otros voluntarios se ha convertido en trampero en los ratos libres para capturar a esos animales invasores e intentar que no desaparezca una especie única, la lagartija de las Pitiusas (Podarcis pityusensis). “Está plagado de serpientes”, asegura Ribas, mientras sujeta la que acaba de capturar. Este isleño considera esencial que más ciudadanos se unan a esta cacería justa. “De qué me sirve a mí poner trampas si los vecinos no las colocan. Si somos pocos los que lo hacemos, es una batalla perdida”, señala.
Las culebras de herradura (Hemorrhois hippocrepis) no son venenosas ni peligrosas para los humanos, en la península Ibérica están incluso protegidas. Sin embargo, tras llegar a un hábitat nuevo como el de Ibiza no acostumbrado a los depredadores hace más de 20 años, este animal se ha convertido en algo parecido a una maldición bíblica. Además de asustar de vez en cuando a turistas aprensivos y provocar cada día llamadas al 112, esta serpiente está aniquilando a las valiosas lagartijas —aquí se las llama sargantanas—, exclusivas de Ibiza, Formentera y una cuarentena de islotes de alrededor. El reptil invasor no solo se ha extendido ya por el 90% de la isla principal, para sorpresa de todos, también es capaz de nadar hasta las otras más pequeñas, y amenaza con extinguir una pieza clave en la ecología y un símbolo para los isleños. “Yo soy ibicenco, para mí las lagartijas están relacionadas con mi infancia, de pequeño jugaba con ellas”, explica el bombero. “Si se cargan la lagartija, se cargan mi infancia”.











