Vivimos una época en la que miramos a las ciudades con recelo al hablar de una “escapada urbana”. En un momento en que los apartamentos turísticos amenazan con destruir el tejido social de un barrio y los fast food sustituyen a los antiguos negocios locales, optar por una nueva forma de viajar puede convertir una escapada en todo un acierto.De París a Madrid, pasando por Roma, las capitales más deseadas merecen ser descubiertas de una forma diferente.Empezar por un mercadoEl mercado puede ser la brújula perfecta para ponernos en situación y comenzar nuestra ruta conociendo el día a día de la ciudad: residentes haciendo las primeras compras, productos típicos a degustar e incluso bares y restaurantes anexos donde la materia prima procede de los propios puestos. Madrugar - otro factor infravalorado al visitar una ciudad nueva - es una apuesta segura para maravillarse con nuevas historias entre los puestos, aromas y colores.Visitar otros negocios localesLa vida cultural de una librería, las bandejas de dulces en una panadería de barrio o la tienda de vinilos de toda la vida. A medida que nos vamos alejando del centro y nos perdemos por barrios más auténticos, la posibilidad de entrar a un negocio local permite conocer lo genuino.Agost, a 10 km de la ciudad de Alicante, alberga alfarerias que explican la historia del territorioA.P.Salir de la ciudadLas ciudades suelen concentrar gran parte de los flujos turísticos de una región, pero ¿qué ocurre cuando nos salimos de la norma establecida para visitar otros lugares cercanos? Existe un pueblo llamado Agost a 10 km de la ciudad de Alicante donde cuatro talleres de alfareros te hablarán de la memoria histórica del territorio. Hay un enorme castillo en Chantilly, el lugar donde nació la nata, a media hora de París, y una ruta cervantina entre corralas y bares de tapeo en Alcalá de Henares, por mencionar tan solo algunos ejemplos.No sigas el “abecé” turísticoEn alguna ocasión hemos hablado de esa tendencia casi automática a descubrir los destinos siguiendo el itinerario bajo la perspectiva de una oficina de turismo. Una línea de lugares a enlazar hasta acabar exhaustos, mientras dejamos de lado la magia de descubrir un nuevo destino como lo haría un niño, deteniéndose en los lugares más insospechados y cotidianos. Más allá de hacer la Ruta Modernista o enlazar las diez iglesias italianas, el encanto de deambular nos descubre nuevas formas de conocer un lugar.Usar el transporte públicoEn todos los países, el transporte público es una ventana privilegiada a la vida cotidiana de sus habitantes, ya sea del tren en Hong Kong, el metro en Barcelona o la red de autobuses de Madrid. Sumergirse en uno de estos transportes suele ser la mejor forma de conocer el destino desde dentro, y sí, también optar por una alternativa más económica.Quédate en un barrio menos conocidoCuando buscamos un alojamiento, queremos estar cerca de todo, pero al mismo tiempo estar tranquilos, lejos del bullicio del centro. Sin embargo, la verdadera experiencia consiste en hacerlo en barrios más obreros. Desde el ambiente universitario de San Lorenzo, en Roma, hasta la nueva vida artística de Carabanchel, en Madrid, existen alternativas a los grandes bastiones turísticos que tampoco necesitan más reservas.Barrio de San Lorenzo, en Roma, no es tan conocido pero es mucho más auténticoA.P.DelicatessenL’Apulia (Roma)El barrio de San Lorenzo, en Roma, se ubica en las inmediaciones de la famosa estación de Termini y a pocas manzanas del barrio de Pigneto. La zona perfecta donde alojarnos lejos de las masificaciones mientras aprovechamos la noche para descubrir restaurantes como L’Apulia, una osteria de gastronomía típica de Puglia nacida de la historia del chef Luca Tempesta, quien pasó gran parte de su vida recorriendo Italia en un motocarro Apecar donde freía pulpos. Hoy, este marisco se sirve con patatas, alcaparras y cebolla roja, haciendo hueco a otras delicias como el salteado de mejillones y almejas, su gnocchetti con almejas o el risotto con crema de alcachofas, pulpo y stracciatella de burrata.Quedarse un poco másTanto si hablamos de una escapada urbana como de un viaje más largo que engloba diversas ciudades, el mejor truco es alargar la estancia en cada una de ellas. El llamado turismo de inmersión propone viajar visitando menos lugares bajo la promesa de llevar una vida más local: comprar productos en el mercado que se cocinarán en el alojamiento, volver al bar de siempre - donde puedes terminar entablando conversación con sus dueños -, o frecuentar esa librería donde cada día hay un evento cultural distinto.Preguntar a alguienActualmente, obtenemos gran parte de las respuestas a través de los móviles. Sin embargo, ¿qué ocurre cuando le preguntamos nuestras dudas a alguien? No hablamos solo de los técnicos de la oficina de turismo, sino de propietarios de negocios, pasajeros del autobús o habitantes de una ciudad que no dudarán en darnos las mejores indicaciones sobre un restaurante, un parque o un lugar recomendable.