Durante décadas, las capitales de Francia e Italia fueron las ciudades que definieron el imaginario del viajero, pero ahora aparece una ciudad que premia a quien se anima a perderse un poco más allá del distrito costero Nyhavn, donde conviven la calma escandinava y una energía creativa que renueva barrios enteros cada pocos años. Alcanza con subirse a una bici, cruzar un puente y descubrir que la postal clásica de Copenhague es apenas la puerta de entrada a algo mucho más interesante.En la capital de Dinamarca, para la mayoría, todo comienza en los Jardines Tivoli: el segundo parque de diversiones más antiguo del mundo, inaugurado en 1843, con sus luces, su lago y sus jardines que inspiraron a Walt Disney para pensar Disneyland. Y sigue, casi inevitablemente, por Strøget, la arteria peatonal que atraviesa el centro histórico y que durante décadas fue una de las calles comerciales más largas de Europa. Son, con justicia, dos clásicos ineludibles: por ahí entra cualquiera que visite la ciudad por primera vez, y conviene nombrarlos antes de salir a buscar lo que queda más allá de ellos. Porque el otro Copenhague empieza, justamente, un par de cuadras después de esas dos postales.No detenerse en los palacios sería perder la esencia del relato. El Palacio de Christiansborg (martes a domingo de 10 a 17, desde €16), sede del Parlamento y de la Corte Suprema, se levanta sobre las ruinas de castillos medievales y ofrece una mirada única a la continuidad del poder danés. Permite recorrer el Salón de los Caballeros y las ruinas subterráneas.El Castillo de Rosenborg (a diario de 10 a 16, desde €17), construido por el rey Christian IV a comienzos del siglo XVII, rodeado de jardines renacentistas, guarda las joyas de la corona y la memoria de los monarcas que moldearon la identidad del país. Invita a descubrir las salas barrocas, los retratos reales y la cámara del tesoro, donde se exhiben coronas y cetros aún utilizados en ceremonias oficiales.El Palacio de Amalienborg, residencia oficial de la familia real, es escenario del cambio de guardia que cada día atrae a cientos de visitantes. El complejo, formado por cuatro edificios idénticos (martes a domingo, de 10 a 16, desde €16). ¡Ojo! Si los guardias te ven pisando la vereda de uno de los cuatro edificios que integran el complejo, te gritan para que bajes al asfalto.De historia y arteLa experiencia histórica y cultural es inabarcable y hay para todos los gustos. El Museo Nacional de Dinamarca (martes a domingo de 10 a 17, desde €18), instalado en el Palacio del Príncipe, reúne la colección más importante del país: desde piezas de la Edad del Hielo hasta barcos vikingos y vestimenta inuit para las zonas frías del norte.En contraposición, el museo de arte La Ny Carlsberg Glyptotek (martes a domingo de 10 a 17; jueves hasta las 21, desde €20), fundado por el mecenas Carl Jacobsen, combina esculturas griegas, romanas y egipcias con obras modernas de Rodin, Degas y Gauguin. Su jardín de invierno, con palmeras y luz natural, es un oasis en medio de la ciudad.El Diamante Negro es la Biblioteca Real (lunes a viernes de 8 a 21; sábados, de 9 a 19, gratis), que integró la antigua propiedad con una nueva fachada de mármol negro y cristal. Es la mayor de Escandinavia. Su vestíbulo bañado de luz y el jardín interior invitan a la contemplación, y su bar en la terraza hacia uno de los canales es impagable.El Museo del Diseño (martes a domingo de 10 a 18; jueves hasta las 20, desde €19), ubicado en un antiguo hospital del siglo XVIII, recorre la evolución del diseño danés: desde la silla Egg de Arne Jacobsen hasta las lámparas PH de Poul Henningsen. No te pierdas la vastedad y calma del jardín interior.El Museo de la Guerra Danesa (martes a domingo de 10 a 17, desde €11), instalado en el Arsenal de Christian IV, despliega una de las colecciones de armas más grandes del mundo: más de 100.000 piezas que incluyen espadas, pistolas, armaduras y cañones desde el siglo XVI hasta hoy. Una sección reciente acerca al visitante a la experiencia de los soldados en Afganistán. Pero tal vez para los que gustan de cuestiones bélicas, el imperdible sea el Museo de la Resistencia Danesa (martes a domingo de 10 a 17, desde €18), en Churchillparken, reconstruye la vida cotidiana durante la ocupación alemana de 1940‑45. El visitante puede escuchar conversaciones intervenidas, fabricar revistas clandestinas y ver objetos únicos como los postes de ejecución de Ryvangen.Fuera del diseño y las bicicletasLa ciudad premia a quien se anima a perderse un poco más allá de Nyhavn, la calle clásica con casas de colores y cientos de bares. En pleno verano, cuando el agua del puerto, tan limpia que se puede beber, se llena de daneses que se tiran de cabeza desde plataformas de madera en Islands Brygge, a diez minutos del centro. Esa misma relación relajada con el agua se repite, con otra temperatura, en los saunas flotantes que empezaron a multiplicarse sobre los canales. En La Banchina, una cabaña de madera instalada en el barrio industrial de Refshaleøen, el ritual es simple: calor intenso durante unos minutos y después un salto directo al agua fría del canal, sin lujos ni spa de por medio. A pocos minutos, en los antiguos galpones de un astillero reconvertido, funciona Reffen, un mercado de comida callejera donde conviven food trucks, cerveza artesanal de microcervecerías locales y una vista directa a la Ópera desde la otra orilla del canal. Es la versión más desprolija y menos turística de Torvehallerne, el mercado gastronómico clásico.El costado más inesperado está en Nørrebro, el barrio multicultural donde se despliega Superkilen, un parque lineal que reúne más de cien objetos traídos de sesenta países distintos: un cartel de neón ruso, bancos brasileños, una fuente marroquí. Muy cerca, el cementerio de Assistens ofrece una postal igual de singular: entre las tumbas de Hans Christian Andersen y Søren Kierkegaard, los propios daneses toman sol, leen o hacen picnic, sin solemnidad ni distancia.CopenHill es una planta incineradora que además funciona como pista de esquí artificial, muro de escalada y sendero panorámico en la terraza, con vistas a toda Copenhague. Quien quiera ver hacia dónde va la ciudad debería caminar por Nordvest, un barrio con talleres de artistas, bares de vinos naturales y una vida de barrio que el circuito clásico todavía no descubrió.Sabores que definen la ciudadTodo empezó en una esquina de Nørrebro, donde en 2017 abrió el primer local de Pico Pizz, el nombre, contracción de "pizza" y "Copenhague": pizzas pequeñas de masa madre, pensadas para probar varios sabores en una misma mesa, con opciones vegetarianas, veganas y sin gluten. Hoy son seis sucursales repartidas por la ciudad, Olise, dentro del Coco Hotel, de estilo francés, comparte con el hotel un patio interno luminoso que funciona como bisagra entre ambos espacios. Es uno de los pocos lugares de la zona que abre incluso los domingos por la noche.Rug es el restaurante del ex edificio del Correo Central, la imponente sede neobarroca inaugurada en 1912. Comenzó siendo una panadería (su nombre significa "centeno" en danés) célebre por las filas que se formaban en la puerta para conseguir sus panes de masa madre; hoy se convirtió también en una elegante terraza y salón.La noche se enciende en Bar Tata, a metros del Teatro Real: su nombre es un homenaje al cortinado de terciopelo rojo de la sala vecina, y su impronta escenográfica no es casualidad, ya que el concepto nació de la mano de Alexander Kølpin, ex primer bailarín del Ballet Real Danés. Elegido Mejor Bar de Dinamarca.El Nimb, dentro de los jardines de Tivoli, despliega lujo y tradición con una carta que homenajea la cocina danesa: el edificio blanco de estilo morisco que hoy lo aloja se inauguró en 1909. Vilhelm y Louise Nimb abrieron su primer restaurante en los jardines en 1872 y fueron, entre otras cosas, quienes popularizaron el smørrebrød (el clásico sándwich abierto danés) tal como se conoce hoy.Para quienes buscan lo inesperado, Koan, sobre el muelle de Langeliniekaj, propone una fusión coreano-nórdica que le valió dos estrellas Michelin apenas un año después de abrir su local definitivo, en 2023.Una verdadera revelación es el almuerzo en la Torre Tårnet: un restaurante que además de vistas privilegiadas, permite acceder al monumento sin colas. Instalado en lo que fue el antiguo salón de sesiones del Parlamento danés.Alojamientos con carácterLEl Grand Joanne se presenta como un clásico renovado: ocupa un edificio de 1928 en pleno Vesterbro, a metros de la estación central. El NH Collection Copenhagen, con su ubicación estratégica frente al puerto de Christianshavn, ocupa el que fuera edificio de oficinas de los astilleros B&W, diseñado en los años 50 por el arquitecto modernista Palle Suenson, hoy protegido como patrimonio.The Darling es una única residencia de un solo ambiente escondida en el segundo piso de una casa de 1730 sobre la Strøget, la calle peatonal del centro histórico. Ideado en 2020 por los creadores de la revista DANSK, el espacio funciona como una vidriera viva del diseño danés. El Vipp Pencil Case está en una ex fábrica de lápices de estilo Bauhaus de la década de 1930, en el barrio de Islands Brygge, es el quinto hotel de un solo ambiente que la marca de diseño industrial Vipp abrió en Escandinavia.Cómo llegarDesde las principales capitales europeas, un pasaje ida y vuelta a Copenhague puede conseguirse desde 60 o 120 euros en temporada media, aunque en fines de semana de alta demanda el precio puede duplicarse.Dónde alojarseEl alojamiento se mueve en un rango amplio. Copenhague todavía no tiene una tasa turística oficial, aunque el proyecto avanza en el concejo municipal y podría aprobarse en poco tiempo.Un hostel o apartamento bien ubicado arranca desde 80 euros la noche para dos personas.Un hotel de tres o cuatro estrellas en el centro ronda entre 120 y 180 euros. Los hoteles boutique o experiencias de diseño como The Darling o el Vipp Pencil Case parten de 200 euros la noche en adelante. Dónde comerLa gastronomía, frente a otras capitales nórdicas, sigue siendo una ventaja relativa. Un almuerzo informal con bebida cuesta entre 15 y 25 euros; y una cena con vino en un restaurante de nivel medio-alto rara vez supera los 50 euros por persona. Los lugares de autor como Rug o Nimb elevan la experiencia, pero también permiten acceder a menús degustación a precios más accesibles que en otras ciudades de la región.Cómo moversePara moverse, conviene tener a mano la app Rejsebillet o Rejsekort.La tradicional tarjeta física Rejsekort está en proceso de discontinuación durante 2026, reemplazada por la aplicación o por la nueva Basiskort para quien prefiera no usar el celular.Un viaje sencillo cuesta cerca de 3 euros, y los abonos diarios rondan entre 8 y 12 euros según las zonas.La bicicleta, sin embargo, sigue siendo la forma más auténtica de recorrer la ciudad: se alquila fácilmente y permite descubrir rincones que el transporte público no alcanza.Flavia TomaelloBio completaRecibí en tu mail todas las noticias, historias y análisis de los periodistas de ClarínQUIERO RECIBIRLODinamarcaTurismo