“Este tren es el futuro porque se ha hecho a medida de lo que necesitamos: más capacidad, accesibilidad, comodidad y tecnología. Y los cambios se notarán desde el primer viaje”. Con estas palabras, pronunciadas desde el interior de uno de los nuevos trenes Stadler, el ministro Óscar Puente ha hecho toda una declaración de intenciones: esta será su gran apuesta para zanjar el deterioro de Cercanías Madrid (que concentra a la mitad de los usuarios de toda la red estatal) y comprobar si, en lo próximos años, España logra sanear su servicio ferroviario para distancias cortas.
A las puertas de septiembre, el titular del Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible ha presentado desde la estación de Príncipe Pío los primeros trenes de la marca suiza Stadler, que se irán incorporando progresivamente a la red madrileña después de cerrar un acuerdo de 1.306 millones de euros con el fabricante para construir 79 nuevos vehículos de gran tamaño. Los trenes están pensados para poder alcanzar hasta los 200 metros de amplitud y alojar a unos 1.800 viajeros, en su versión de dos plantas.
El color rojo impera en el exterior y, nada más entrar, pueden verse unas puertas algo más amplias de lo habitual. “Uno de los problemas que nos trasladaban era el poco espacio en los vestíbulos para personas con movilidad reducida o bicicletas, y estos trenes van a facilitar esas salidas. Ya sabemos que Madrid no lo pone fácil para moverse en bici”, ha destacado el propio Puente en un dardo al Partido Popular, que gobierna a nivel municipal y autonómico y a cuyos gobiernos atribuye parte del estancamiento de Cercanías.






