El Palacio Nacional da Pena, situado en lo alto de una colina de la Sierra de Sintra, es considerado la máxima expresión del estilo romántico del siglo XIX en Portugal y uno de los mayores exponentes de esta corriente en toda Europa. Declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1995, este monumento de cuento es por méritos propios una de las principales joyas turísticas y culturales del territorio luso. Su espectacular silueta, caracterizada por una explosión de colores vibrantes y detalles arquitectónicos de ensueño, corona el paisaje forestal a poco más de 25 kilómetros de Lisboa, atrayendo a visitantes de todo el mundo que buscan maravillarse ante su belleza.

Esta imponente edificación sirvió como una de las residencias oficiales de la familia real portuguesa durante el siglo decimonónico, consolidándose hoy en día como el símbolo indiscutible de Sintra. Pero la historia de este mágico emplazamiento se remonta al siglo XII, época en la que existía en la cumbre una pequeña ermita dedicada a Nuestra Señora de la Peña. Posteriormente, el monarca Manuel I mandó construir en este escarpado saliente rocoso el Real Monasterio de Nuestra Señora de la Pena, destinado a la Orden de San Jerónimo. Este santuario medieval, situado en una elevación aislada a 480 metros sobre el nivel del mar Atlántico, proporcionaba a los monjes un espacio idóneo para el recogimiento y la oración silenciosa.