Castelo Novo se sitúa en plena Serra da Gardunha, dentro del municipio portugués de Fundão, en un entorno donde la pendiente, el granito y la huella medieval marcan buena parte del paisaje. Forma parte de las Aldeas Históricas de Portugal, una red de doce localidades que conservan estructuras antiguas y un patrimonio muy ligado a la evolución del interior del país. En este caso, el pueblo se despliega sobre una ladera y mantiene una conexión directa con el castillo que le da nombre, ubicado en la zona más alta y convertido en su principal referencia visual.
Recorrer Castelo Novo implica hacerlo a pie, entre calles adoquinadas, casas de granito, desniveles constantes y pequeños rincones que reflejan cómo el núcleo se fue adaptando al terreno. El trazado urbano es irregular, con manzanas de formas diversas, calles estrechas, pasos que acortan distancias y escaleras que salvan la inclinación de la sierra. Esta disposición, común en muchos enclaves medievales, explica el carácter laberíntico del casco antiguo y facilita la conexión entre la fortaleza y otros puntos de interés, como iglesias, fuentes, antiguas casas administrativas o construcciones ligadas a la vida tradicional.
El castillo templario que dio nombre al pueblo












